Monitoreo de Medios de Comunicación  

TELEVISIÓN
"El Show del Mediodía"
JORGE MEDINA VIDA
 

"El Show del Mediodía", domingos de 13 hs. a 18 hs. Conducen Cacho de la Cruz y Laura Martínez. Canal 12
 

Según alguna constancia, el poeta modernista Julio Herrera y Reissig calificaba la ciudad de Montevideo como "Tontovideo". En un aparente juego de palabras podríamos re-semantizar uno de sus términos y construir Video-Tonto. El vocablo de creación expresiva: "tontería" en nuestro idioma se puede registrar desde mediados del Siglo XVl con significados poco variables a través de su historia y arrastrando siempre un aire de superficialidad.

La Televisión y los Televideos en sus "corpus" de mayor audiencia podrían aceptar, en gran parte, la acusación de tontos, redundantes, pueriles. Esto no quiere decir que se deba rechazar la diversión y la frágil densidad en el discurso televisivo porque según se ha dicho, hasta Homero en sus epopeyas tenía hexámetros donde se dormía. En el Uruguay, sacando algunos ejemplos excepcionales, la televisión en su totalidad a menudo cae en la tontería, aunque a veces pueda caer en algo peor.
 

La Televisión y su discurso audiovisual junto a la Radiotelefonía constituyen poderosísimos medios de comunicación. Su presencia en los hogares, estadísticamente es masiva y acapara el tiempo útil como quizás ningún otro sistema de colectivización puede lograrlo en nuestra época.

Su gran poder lo ejercita como presencia y compañía, como puerta abierta hacia lo otro y hacia los otros transformándose casi en un acto mecánico.
 

La Televisión también cumple la función de poderosa inductora de conductas; en el aspecto político introduciendo a los candidatos en la intimidad hogareña, dedicándole espacios a todas las posibles ofertas, por oposición al sistema anterior donde se concurría solo a las reuniones de su propio Partido. En el aspecto social llevando al mismo hogar la diversión y aún las formas más o menos estéticas del Teatro, el Ballet o el cinematógrafo. Cambió las costumbres de la promoción publicitaria y la compra de objetos y servicios o el interés religioso o la preocupación, sobre todo a través de redes internacionales, por problemas y conocimientos científicos o artísticos.
 

Su función informante y su función alienante casi desplazó a la ciudad como poderosa inductora de conductas aplacando la voluntad de elegir por el cierto grado de infantilismo que siempre lleva consigo la Televisión.

Su discurso es atractivo, tiene la fuerza del "icono", donde lo que "es", como ser la gesticulante figura humana, es una "representación" tan análoga que confunde la imagen con el significante. Las personas y su entorno están y no están; se sacralizan porque solo se pueden ver y oír, a través de los sentidos más abstractos.
 

La iniciativa privada en todos los territorios de producción, distribución o comunicación, parte de principios muy distintos a la iniciativa pública. En teoría, la iniciativa pública debe partir del beneficio colectivo, mientras que la iniciativa privada busca el interés individual. En el caso de que la primera lograra beneficios estos los debería revertir en la sociedad.

La televisión privada si programa espacios mejores, nunca pierde de vista los intereses económicos y todo lo supedita a lo que ella considera redituable económicamente. 

Por todo esto se logra entender que el programa de mayor "rating" en la televisión uruguaya sea un espacio dominical dirigido por el Sr. Cacho de la Cruz, en el Canal 12 de Montevideo. Diversos elementos lo integran organizados a través de una presencia unitiva para satisfacer aspectos primarios y masivos de una audiencia que se divide entre próxima en la platea de su Estudio y remota en los hogares de la República. La presencia de un grupo musical distribuye esos espacios con repertorios populares de fácil identificación que, en general, sirven para anular el silencio o para desplazarlo.
 
 

La escenografía básica es de una discreta espectacularidad que no traspasa la funcionalidad de los objetos y productos de promoción publicitaria. El espacio de desarrollo en general tiene tres ámbitos señalados con leves incursiones de espacios abiertos fuera del local donde se desarrolla la emisión. Estos espacios, semanas tras semanas a través de cientos de programas se repiten.
 

El tiempo abarca toda la tarde dominical donde los espectadores concurren como en una especie de ceremonia ritual. Ese tiempo incluye bolsones de situaciones diversas con aspectos de juegos, de intervenciones "en vivo" o sub-programas donde se desarrollan espectáculos de diversión, también primarios. En todo esto, el ingenio, las proposiciones de interés, la cultura o los llamados elementos artísticos desaparecen en un mar agotado de variaciones que fluctúan entre el interés personal y la diversión. 
 

El elemento central es muy reducido, lo integran el conductor, casi omnipresente, luego dos mujeres jóvenes que actúan como asistentes y en tercer lugar estarían dos hombres jóvenes de actuación y presencia muy definidas. Los invitados, naturalmente varían y no integran el "staff" de la producción. El código vestimentario es el común en la mayoría de estos programas en casi toda la televisión latinoamericana.

El elemento de atracción que el Programa propone es algo variado, pero su connotación está puesta en el "objeto", es decir los premios que fluctúan entre los electrodomésticos, el dinero y algún automóvil. Los premios dependen del azar, la habilidad manual y el suspenso de la platea frente al acierto o el error. 
 

Este monótono sistema de congregar asistentes, domingo tras domingo, sostenido principalmente en posibilidades, en objetos más o menos valiosos, se dirige a un grupo social específico. Pero, el tiempo útil del programa, el "tiempo publicitario" de valor económico, para la Empresa y los comerciantes, se auto-abastece con el público, que acumula tensiones emotivas, frustraciones dramáticas y triunfos con un costo reducido de personajes. Dicho de otra manera, el espectador es al mismo tiempo protagonista, y se exhibe a sí mismo como una totalidad de alegría y auto-flagelación. Con la trampa menor de los premios se satisfacen carencias individuales y colectivas, que, en cierta manera promueven la falta de imaginación y latentes problemas sociales al prestigioso mundo de la comunicación televisiva. Por instantes, individuos y masas se instalan en multitudes de hogares televidentes como si fueran separados del anonimato y promovidos a la "fama" y al posible reconocimiento por amigos o extraños. 
 

Un sostenido clima burlesco preside todo el desarrollo horario, mostrando dependencias sociales frente a objetos valiosos, y al mismo tiempo intercalando narraciones teatrales sobre tipos humanos recargados con ese clima burlesco al que nos referíamos. Un "sketch" repetido sitúa a un joven afeminado que ironiza y es ironizado cuando consulta telefónicamente al empleado de un esquemático "Video Club". El personaje repite situaciones infantiloides, escudado en un anonimato telefónico que sirve para descalificar al joven como si su opción sexual fuera un hecho pueril que siempre debe terminar en burla. Como en casi todo el Programa esta situación humana termina en una mecánica promoción de la risa y en el despojamiento de su posible dignidad. Lo mismo sucede con ciertos concursos donde se exige, domingo tras domingo, que concurran espectadores con disfraces exóticos o portando animales y objetos que sirvan de burla para la audiencia en la platea o en el hogar. El esquema propuesto amaga ser inocente o divertido, pero en su actualización sirve para dimensionar los sacrificios que deben hacer algunos espectadores, concurriendo en actitudes burlescas, para optar a varios premios que siempre fluctúan entre dinero o electrodomésticos. Otra vez, el objeto valioso determina conductas que lindan con el sacrificio, la vulgaridad, o el sentirse disminuido frente a los otros.
 

Otro episodio que se repite es elegir al azar una persona transitando por una vía pública, la que debe concurrir al programa dominical, vestida con el mismo atuendo con el que fue sorprendida, para acceder a los premios. El anonimato se sustituye por la publicidad. Aquí es necesario destacar un fenómeno repetido universalmente en este tipo de programas. Se postula una concepción del mundo y de la vida donde el azar rige las relaciones humanas: las personas pueden ganar lo que consideran su felicidad sin otro mérito que los juegos de la "suerte". Todo esfuerzo es inútil, lo mismo que los méritos y se confirma que fuerzas oscuras y misteriosas presiden las relaciones humanas, presiden el confort o el triunfo, haciendo inocuo e innecesario el esfuerzo personal. Con esto se aplacan o se descalifican los intentos de ordenamientos sociales. El ser humano está en manos de fuerzas que lo abrazan pero que no puede abrazar, ni superar, ni organizar. Los posibles aspectos de distracción colectiva aparentan ser sencillos y de satisfacción inmediata. Su denotación aparenta ser lúdica pero su connotación posibilita la pasividad social y se contradice con todo sistema educativo. Todo el Programa se construye con la parálisis mental y el entusiasmo fuertemente emotivo de conseguir algún objeto valioso entregado como dádiva por el azar.
 

El sistema de estos Programas Televisivos de extensa duración dominical se organiza en núcleos de atracción casi independientes y su historia es contemporánea a la difusión masiva, o mejor dicho a la industrialización y comercialización de los aparatos hogareños. La atracción publicitaria los fue transformando, aunque por razones obvias conservaron los primitivos componentes de distracción.
 

El mayor impacto lo constituye una especie de "separata" intitulada "Almorzando con Chichita", que a su vez se divide en dos espacios y situaciones dependientes entre sí. El primero es una escena de "cocina" y el segundo una de "comedor". Ambos están protagonizados por el mismo actor, que en otros momentos conduce el Programa.

El título podría depender de otro Programa rioplatense, de larga historia conducido por una actriz argentina: Mirtha Legrand, que familiarmente es apodada "Chiquita". Su fórmula es parecida, en ambos un personaje femenino invita, semana tras semana o día tras día a personas que se destacan para dialogar en mini-reportajes ocasionales. La novedad en el sistema que analizamos, con fuertes caracteres de "parodia", consiste en la actuación de un hombre, Cacho de la Cruz, que realiza un acto de "travestismo" para multiplicar las connotaciones de todo el episodio y multiplicar la situación reidera. Es innegable el discreto profesionalismo que se queda en los límites de una posible caricatura de la mujer, sin comprometer en lo más mínimo la caricatura del hombre que sostiene toda la ficción. Sus códigos vestimentarios y cosméticos se encuadran dentro de los mismos límites, así como la ambientación que no exagera riqueza o comodidad.
 

Curiosamente el Programa tiene dos episodios repetitivos realizados por dos actores que re-presentan actitudes no-tradicionales que nuestra cultura le asigna al varón. El primero que comentamos se estructura alrededor de la profanación de la virilidad según la "mass-media" de los espectadores y el segundo se estructura alrededor de la diversión que un actor puede extraer de un personaje femenino caracterizado por ciertos "tics", discursos y actitudes que la "mass-media" de espectadores pudiera reconocer en ciertas mujeres des-informadas con innegables envolturas del fenómeno "kitsch".
 

El sub-yacente problema de la sexualidad y los roles que se le asignan o poseen la pareja humana; los conflictos con las leyes de lo esperado o lo no-esperado; los móviles y atracciones conscientes o no, producen un efecto inmediato de diversión que aplacan o domestican el denso problema del erotismo. Sin embargo la discreta agresión verbal de algunas voces en "off" en el período que Chichita dedica a preparar el almuerzo que luego ofrecerá a sus invitados ubica una "situación de cocina" más propicio a lo cotidiano y familiar. 
 

Esas voces en "off" masculinas, se acercan a temas de contenido erótico, tradicional en ciertos ambientes reideros de fuertes connotaciones, donde la mujer es desdibujada. Lo mismo puede suceder entre ciertos invitados que a veces replantean al espectador que asiste a un juego de "travestismo", para que el equívoco se llene de significaciones hilarantes. Aquí todo es ambiguo, hasta las conversaciones que, a menudo, se refieren o se dirigen a una estructura de mujer: Chichita que afecta ingenuidad, ignorancia o sorpresa frente a los motivos de conversación que los hombres o mujeres invitados pudieran plantear. El personaje central posee una significancia reñida con la realidad rioplantense de una entrevistadora "mujer" frente a sus invitados. Siempre se busca la "comicidad" aún cuando se deforme la posible jerarquía de la mujer. Esta mujer es descalificada y en algún momento es ridiculizada para sostener el principio nunca desmentido de que es una parodia de la que se ríen, a veces, hasta las mismas mujeres invitadas. Otra vez tenemos que utilizar el término "tontería" para explicar algunas situaciones y para definir algunos aspectos de todo el episodio "Almorzando con Chichita".
 
 
 

La repetición, semana tras semana, de las esperadas situaciones a momentos se agiliza cuando algún invitado promueve o se deja promover a diálogos más actualizados. El personaje casi no puede variar dentro de las estructuras propuestas y esto lo hace fatigante, casi como el programa argentino de "Almorzando con Mirtha Legrand". En ambos la presencia obsesiva de las "presentadoras" las hace agotables y hasta monótonas, pero, el "electorado flotante" de invitados es lo único que podría justificar y significar la durabilidad de ambos Programas. El efecto de sorpresa y extrañeza que el personaje "Chichita" producía hace muchos años, se ha ido disolviendo. El público televisivo ha ido evolucionando por la presencia del tema básico en otros Programas y en otras situaciones de mayor entretenimiento. La sociedad misma lo ha domesticado y ya no necesita el efecto parasitario de la "cursilería" para hacerlo aceptable por el Público. El efecto que produjo la obra de teatro "Orquesta de Señoritas", hace muchas décadas, ya perdió vigencia para las nuevas generaciones.
 
 

La misma ambigüedad y el mismo "travestismo" (tomado este término en su acepción etimológica) tanto en el programa televisivo que analizamos, como en la citada obra teatral, ya no producen sorpresa y a momentos podría ser considerado como un recurso ocurrente de significaciones reideras, por su uso extenso, por su discreción en los planteos y por la evolución de las sociedades globalizadas. A momentos parecería conservar cierta vigencia en episodios primitivos de carnavales también demasiado primitivos.
 
 

El fenómeno televisivo conducido por el actor Cacho de la Cruz podría ser considerado como un fenómeno nacional dentro del rubro "comunicaciones" audio visuales, pues junto a los "Informativos" ostenta la mayor audiencia. Más que un espacio tecnificado, conserva caracteres artesanales, y apoya en esquemas individuales, más que en esquemas independientes. Estados larvales de técnica teatral, algo ingenua, le dan coherencia a través de sus seis horas de duración. Los televidentes lo actualizan con la mecánica de cubrir las largas horas de la tarde dominical. La sorpresa está en los premios, en la posibilidad material de recibir "objetos" que atraen con el poder oscuro de la Suerte, del Azar. Es un puente divertido entre el apetecible fin de semana y el comienzo de la monotonía semanal. Cada año que pasa parecería que las nuevas generaciones van perdiendo la capacidad de la propia imaginación y en la actual civilización, cercana a la civilización del ocio, las mayorías exigen que alimenten su fantasía porque se sienten incapaces de auto-abastecerse. Parecería que el "discurso de la vida" les interesa más que la propia vida. En todo caso parecería que buscan sustituir la vida y la imaginación aplicable a ella, por el discurso que toda la gama de la comunicación se adelanta a proponerle.
 

La distracción obsesivamente propuesta por organizaciones especializadas, documenta peligrosas carencias. Son distracciones externas y no propuestas por individualidades, que alienan al público en la categoría de espectadores pasivos, que sólo se interesan a través del deseo incontrolable de poseer objetos logrados mediante el azar. Los problemas culturales, las preguntas identificativas con la realidad humana desaparecen en la televisión rioplatense y en el caso extraordinario de insinuarse, se deriva otra vez a la obtención de un premio que destaque funciones memorísticas o se deriva a la peligrosa zona de las "opiniones" donde la cultura es profanada por planteos y propuestas inverosímiles.
 
 

El usuario televisivo, a "grosso modo" o es un "adicto" que necesita cualquier imagen que se desplace por su televisor, o es un selectivo que lo usa como una "no men’s land " para rellenar instantes de reposo.
 

El éxito numérico del Programa que vinimos observando es un fenómeno que debe ser relacionado con la totalidad de los componentes sociales. Depende y se inserta en una sociedad uruguaya en el tránsito de dos siglos, en una edad que todavía no logramos definir, o por lo menos, conocer, en sus grandes estructuras. No es un fenómeno aparte, se integra con las formas mutantes de nuestra evolución histórica. Representa el nivel de las mayorías alfabetizadas, no propone metas ni ideales, acepta la conformidad con el orden establecido y poco variable. Soporta los embates de la extranjerización cultural o por lo menos de la uniformización cultural que ahora acepta su función de "furgón de cola" en la globalización económica.

Quizás su breve parte de dignidad y equilibrio sirva para justificarla en un descalabrado sistema de comunicaciones masivas a que nos tiene acostumbrados la televisión rioplatense. 

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