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“ESTRATEGIAS Y ACCIONES PROACTIVAS FRENTE A LOS FUNDAMENTALISMOS EN LA REGIÓN”

Los fundamentalismos y su accionar en la región 

por Marta Alanís
CDD Córdoba

 

Cuando pensamos en la palabra fundamentalismo aparecen en el acto otras palabras asociadas tales como intolerancia, fanatismo, guerra, resistencia a los cambios, volver al pasado.... Mucho se habla y poco se sabe del fenómeno de los fundamentalismos.

 

Podemos decir que los  fundamentalismos son movimientos políticos sociales que consideran que su poder deriva de Dios, caracterizados por hacer una lectura de los textos sagrados como si fueran absolutamente reales. Interpretan las escrituras sagradas literalmente y pretenden aplicarlas como si la Biblia y todos los libros semejantes en otras religiones fueran supraculturales. Tienen  formas de pensar rígidas, con prevalencia de rigorismos, adhieren a estructuras puramente legalistas, defensa extrema de la letra de las disposiciones, resistencia ante todo cambio, intento de imposición de la propia perspectiva como la única aceptable, rechazo al pluralismo, desconocimiento de la evolución en todos los ámbitos, aferramiento a formas de autoridad acentuadamente impositivas, rechazo a toda novedad.

 

Pretenden volver a los “fundamentos” con la idea de que en ellos encontrarán las claves para construir un estado perfecto en el mundo actual. Desde un supuesto espiritual y religioso lo que pretenden realmente es poder social y político. Y aunque hablen en nombre del bien del pueblo son grupos ideológica y organizativamente autoritarios, antidemocráticos, con una autoridad que les “viene de Dios”, interpretando las escrituras por líderes autoelegidos exclusivamente masculinos. Son hostiles con aquellos que no comparten su fe y son también hostiles con los que dentro de la misma fe no comparten sus posiciones.

 

Desde hace aproximadamente 20 años hay un resurgimiento del fundametnalismos en muchas religiones: Catolicismo, Hinduismo, Islamismo, Confucionismo y Budismo con las similitudes señaladas.

Pero si bien todos son antimodernos, antiseculares, quieren conservar sus valores tradicionales, culpan a la modernidad por todos los males del mundo, no se oponen a la tecnología, la usan muy bien, especialmente la de los medios de comunicación y con mucha eficiencia. En general, los fundamentalistas quieren regresar a un estado religioso, a una sociedad y estado en que la ley religiosa sea la ley de la nación.

 

Como en política, las actitudes frente al dogma y la liturgia son básicamente tres; el reformista está a favor de los cambios innovadores; el conservador; procura conservar lo existente, oponiéndose a las innovaciones, pero también a los retrocesos; mientras que el restaurador rechaza las dos posiciones anteriores, prefiriendo restituir situaciones del pasado. [1]

 

Una de las características más comunes y compartidas entre todos los fundamentalistas es el deseo de imponer control sobre las mujeres, de regresar al estado de absoluta subordinación. Manifiestan una hostilidad y miedo de la sexualidad de las mujeres, el deseo de restringir la sexualidad libre fuera del matrimonio. Los fundamentalistas en general, quieren restaurar una ideología de complementaridad entre los géneros hombre y mujer, como realidades inmutables. Rechazan ideas modernas de igualdad de mujeres y hombres con capacidades semejantes.

Ante un embarazo no deseado no se podrá pensar en un aborto, porque hasta un feto tiene, desde esta concepción, más derechos que la propia mujer.

 

¿En qué se basan? ¿Porqué sostienen esta posición misógina? Para sostener el poder masculino en la sociedad recurren muchas veces a los mitos fundacionales de las diferentes religiones.

Como humanos y humanas somos seres racionales, somos los únicos seres que tienen conciencia de la muerte y que aspiramos a la inmortalidad.  Es por eso que somos mitológicos. En la mitología conviven la mentira y la razón.  El mito es una ficción, el relato de algo imposible. La razón, en cambio, es lo que se puede explicar, lo que tiene una lógica.

“Si bien el concepto colectivo de Dios, puede responder a la necesidad razonable que las personas  tienen para luchar contra la desolación existencial que le provoca saber de la muerte, la religión puede entenderse como la construcción colectiva de normas y doctrinas que el ser humano necesita para convivir con otros en armonía. Esto equivale a decir que la religión junto con la fuerza, constituye el primer instrumento político surgido en el orígen de la sociedad humana para imponer un orden en el caos” [2] .

 

Con este fin político de imponer orden aparecen los mitos fundantes de las religiones actuales imponiendo un único dios masculino, espejo de la imagen del poder que querían ejercer en sociedades politeistas, donde muchas deidades eran femeninas

 

Los fundamentalistas se basan en mitos y en momentos históricos que nada tienen que ver con el presente para condenar a la mujer a la subordinación, a la obediencia al varón, negando el avance de la humanidad, los procesos históricos y sociales.  Tendremos que leer que esta avanzada en contra de las mujeres y de los derechos sexuales y reproductivos está basada en el poco empoderamiento de las mujeres que las sigue haciendo vulnerables.


Se obstinan en conservar creencias que les permiten sentirse seguros en un lugar de poder y privilegio. Y si nosotras tenemos en nuestros cuerpos marcada la culpa milenaria del pecado original y trabajamos y reflexionamos para dejar la culpa atrás, el poder masculino más recalcitrante no quiere reconocer las verdades que tiene hoy ante sus ojos porque no quiere perder el privilegio y ese lugar de privilegio lo tiene grabado en su cuerpo también. Se trata entonces de desandar, de comprender, de debatir, de encontrar caminos. Es lo que viene haciendo el feminismo en sus diferentes expresiones.

 

Los mitos no sólo dieron legitimidad al poder y a los poderosos de esos momentos históricos sino que  construyeron un relato de todos los misterios y dilemas de la vida, una consmovisión determinada, que condicionó la cultura, las leyes, las artes durante cinco mil años. Las variantes de los mitos fundantes en las diferentes religiones son significativas en algunos aspectos pero refuerzan de un modo u otro el patriarcado. Pero sería muy ingenuo creer que sólo la mujer ocupaba un lugar subordinado. El dios único todopoderoso es reflejo del poder concentrado en una sola persona, es reflejo de un mundo pensado desde las jerarquías, desde  la dominación de clase, de género, de razas, etc.. Se consideraba que el poder tenía origen divino.

 

Es por eso la gran lucha de las religiones contra la modernidad. La ciencia ha sido un gran enemigo que podía derrivar los mitos más poderosos. Junto con las ciencias, la democracia, las libertades, los derechos humanos.

 

Para restaurar creencias,  privilegios y poder, por ejemplo, la Iglesia Católica apeló a todos los métodos desde castrar hombres para que las mujeres no aparezcan en los coros de  las iglesias hasta la “santa inquisión” para condenar y quemar en la hoguera a los disidentes (herejes), pero la mayoría fueron las herejes.

 

Nos cuesta creer que las semejanzas de los fundamentalismos en diferentes regiones del planeta sea una casualidad. Tal vez se fueron dando las condiciones para el resurgimiento del fundamentalismo como expresión genuina de algunas culturas, sectores religiosos, etc. Pero sobre esas condiciones sospechamos que está actuando un proyecto fudamentalista con objetivos claros. Promover la intolerancia es promover la guerra y con la guerra todos sabemos quién gana. En la lógica de la guerra siempre gana el más fuerte, el que tiene más armas, más especialización y el que vende las armas. También hay guerras que se pierden políticamente, pero la intención fundamentalista desde mi lógica está ligada al militarismo y al dominio del mundo.

 

María Consuelo Mejía, en un reciente trabajo decía: “es interesante la paradójica relación, entre la concentración de la propiedad de los medios de producción y los intentos por homogeneizar a las personas y a las sociedades, borrando de la faz de la tierra todo aquello que no se ajuste a las normas de quienes desde el poder de las instituciones, promueven posiciones fundamentalistas de derecha, sobre todo en temas morales.  En clara alianza estratégica, los sectores más conservadores de las Iglesias, los Estados y los Ejércitos apoyados por cuantiosos recursos económicos, promueven campañas en contra de cualquier manifestación de la diversidad; estamos viviendo una creciente oleada de fundamentalismos dirigida a homogeneizar, controlar, “moralizar”. Y las religiones juegan un papel muy importante en estos procesos, porque ofrecen los vínculos con la paz espiritual, con lo simbólico y lo trascendental, que millones de personas buscan con ansiedad”.   

 

En América Latina una de las voces más fuertes en este proceso es la de la jerarquía conservadora de la Iglesia Católica. Vale la pena recordar, cuando en el la Navidad del año 2000, Juan Pablo II habló de la cultura de la muerte mencionando a la violencia terrorista, la guerra, la eutanasia y el aborto. En relación al terrorismo y las guerras hay consenso en la condena desde las diferentes corrientes humanistas. Pero no ocurre lo mismo con la eutanasia y el aborto. Sin embargo igualó a todas. Equiparó fenómenos absolutamente repudiados con aquellos que están en  debate pretendiendo imponer una vez más una creencia como única verdad.

Pero en su denuncia navideña del 2000 y su prédica posterior pusieron en envidencia alguno olvidos del Papa: no se acordó de la pena de muerte ni del fanatismo religioso. Si lo hubiera hecho hubiera sido más coherente en  su planteo. Ese fanatismo-fundamentalismo religioso que legitima la violencia contra las mujeres, contra homosexuales y lesbianas, ese fanatismo misógino que genera muertes públicas y privadas y que lleva a las naciones a la guerra. Fanatismo religioso que impide el diálogo en muchos puntos en conflictos del planeta y obtura el debate en temas controvertidos y difíciles para las personas y las comunidades.

 

Para los fundamentalistas los dilemas de la vida y el destino de los pueblos tienen que ser resueltos desde la religión, y cualquier diferencia o consesión en cuestiones sagradas  más que traición a la patria es traicionar a Dios. Por eso cuando Dios entra en la disputa terrenal la consecuencia es la “guerra santa”. Fanatismo viene del latín fanaticus, adjetivo que en la Antiguedad señalaba al que defendía apasionadamente una posición religiosa, mientras que diálogo implica más de un logos, o sea más de una razón. Por eso para dialogar hay que salir del templo, o sea aceptar que existe otra razón además de la mía, y que debe ser respetada y atendida como la mía [3] .

 

Desde la tolerancia, la pretendida verdad, puede ser una verdad universal, pero mientras no sea una verdad demostrada con todos los argumentos, el desafío será seguir elaborando los mejores argumentos y las demostraciones necesarias para que sea aceptada. Ese tiempo de espera activa mediante el debate de ideas es lo que caracteriza a la tolerancia. Tiempo de espera que implica permitir al otro, al diferente que mantenga y exprese su verdad y dejarse interpelar también por otras posiciones. Una verdad podrá ser irrefutable pero no tendrá validéz si no es reconocida mediante un proceso de consenso.

Entonces la tolerancia implica la capacidad de esperar racionalmente.

 

Cuando la intolerancia dogmática tiene suficiente poder político para imporner a otros su Voluntad de Poder, es cuando se usa la violencia para expandir “la verdad” y exigir ser acepada por todos los demás [4] .

 

Si analizamos lo que viene pasando en la iglesia católica, tenemos que durante el Concilio Vaticano II, se generó un debate amplio y profundo con la participación de todas las tendencias del catolicismo que tuvo como resultados:

  • se elevó a un primer plano el papel pastoral de la Iglesia;
  • se suprimieron las formas anacrónicas de culto;
  • se estableció un firme compromiso con los más pobres del planeta;
  • se impulsó el distanciamiento del clero con los partidos políticos y los gobiernos,
  • se abrió por primera vez el diálogo con otras religiones.

 

Juan XXIII no se quedó en el estrecho espacio de los cardenales (consistorio) y llevó la doctrina al debate más amplio y pluralista con la  convocatoria al Concilio Ecuménico Vaticano II. En cinco años marcó a toda la iglesia con la renovación, con un soplo de aire fresco. Pablo VI continuó en algunos aspectos en la línea renovadora del Concilio, pero fue el responsable de cajonear el informe de una comisión que daba validez a la anticoncepción.

 

Juan Pablo II impuso bajo su reinado  una visión filosófica  en toda la iglesia que es su propia convicción, reafirmada sólo por su entorno de cardenales. Sin embargo, esa convicción personal adquirió el rango de doctrina y marcó las posiciones de la Iglesia en los temas de la vida, la familia, el sexo, la muerte y la moral. Y fueron posiciones duras y excluyentes, nunca expuestas a debates en las bases de la institución sino surgidas en la convicción de un hombre, confirmadas en el ámbito cerrado de sus propios asesores y, luego, impuestas con la verticalidad que permite una estructura monárquica [5] .

 

Wojtyla se ha caracterizado por un fuerte personalismo y un revisionismo apuntado a desandar gran parte del camino recorrido a partir del Concilio Vaticano II. Su vocación restauradora fue más inteligente que la de Lefebvre. Su pontificado sepultó al lefebvrismo y su convicción de volver al medioevo de la noche a la mañana. En cambió realizó un trabajo a largo plazo con el mismo objetivo, buscando el retorno a estructuras anteriores al Concilio.

 

En América Latina, a pesar de las diferencias en los modos de actuar,  los fundamentalistas católicos, en general tienen todos fuertes relaciones entre los sectores afines de diferentes países,  a la vez que un fuerte apoyo a todos ellos por parte del Vaticano y de sectores ultraderechistas de Estados Unidos, identificados con el gobierno de Bush.

Esta situación ocurre actualmente, por ejemplo, en el apoyo a movimientos provida de los países latinoamericanos, mediante instituciones como el Consejo Pontificio para la Familia, presidido por el cardenal colombiano Alfonso López Trujillo, grupos internacionales como la Alianza Latinoamericana para la Familia, impulsada por los millonarios venezolanos Cristina y Alberto Vollmer y Familia de las Américas, creada por Mercedes Arzú de Wilson, hermana del ex presidente de Guatemala, Alvaro Arzú, y también a través de coaliciones, como Vida Humana Internacional, que desde Miami coordina a grupos provida de países latinoamericanos
[6] .
 
Edgar Gonzáles Ruiz, en Cruces y Sombras distingue tres grandes aspectos:

1) La ideología del conservadurismo católico, tal como ha sido expuesto en encíclicas de Juan Pablo II y en documentos del Vaticano, insisten en la exaltación de la abstinencia sexual y el rechazo del laicismo.

2) Influir en los marcos jurídicos de cada uno de los países hispanoamericanos en lo que se refiere a las relaciones entre el Estado y las iglesias y a temas de salud sexual y reproductiva, educación y estructuras familiares. Es alarmante la inmensa influencia que tiene la jerarquía católica en la vida institucional de los países hispanoamericanos;

3) La actuación de los principales grupos conservadores católicos en cada país, incluyendo los de carácter internacional, como el Opus Dei, los Legionarios de Cristo, los Caballeros de Malta y el Sodalicio de Vida Cristiana. Se mencionan también algunos grupos internacionales protestantes, como Focus on the Family, creado en Estados Unidos, que colaboran con el activismo católico. Las coaliciones internacionales católicas como VHI, la Red de Ayuda a la Mujer, etc.

 

Human Life International, HLI, es una coalición de grupos provida de varios países, impulsada por poderosas fuerzas conservadoras de Estados Unidos y apoyada por la jerarquía católica, a través de organismos como el Consejo Pontificio para la Familia, de agencias de prensa como ACI y del activismo provida que Juan Pablo II ha prescrito al clero y a grupos de laicos.

Varias líneas de acción distinguen a HLI:

1) Su apoyo a las autoridades de Estados Unidos y de otros países que se identifican como "antiaborto" y "proabstinencia". Una paradoja de HLI y otros grupos provida es su apoyo a mandatarios como George Bush pese al militarismo que ha caracterizado a su gobierno;

2) Su denuncia de autoridades, personajes políticos, grupos civiles y fundaciones a quienes HLI identifica como liberales, feministas o defensores del laicismo. HLI usa una retórica agresiva contra sus adversarios y trata de perjudicarlos en el terreno legal o financiero. Entre los principales blancos de los ataques de HLI se cuentan IPPF, el Fondo de Población de las Naciones Unidas y Católicas por el Derecho a Decidir.

3) La promoción, en cada país, de medidas tendientes a socavar la separación entre la Iglesia y el Estado, para lo cual organizan campañas para implantar leyes que prohíban o desalienten comportamientos prohibidos por el catolicismo oficial, como el aborto, el uso de anticonceptivos, la libertad sexual, etc., a la vez que apoyan propuestas para fortalecer la influencia del clero católico en la educación y en la vida política.


En el Catolicismo, el grupo español fascista Opus Dei tiene mucho poder dentro del Papado actual. En Argentina es la organización católica que más ha crecido en el país en los último 30 años. Dirigido al sector socioeconómico más alto, su discurso ha conquistado simultáneamente adhesiones y donaciones. Son dueños de muchas propiedades suntuosas. Juan Pablo II le dió carácter formal al Opus Dei en 1982 luego de que la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe (ex-santa inquiscisión), aprobaran los estatutos de la organización.

El Opus Dei se ha especializado en el ocultamiento de la información, característico de logias, sociedades secretas y sectas. Tal vez intentan evitar que se conozcan las razones de la expansión del Opus.  En los años 90 la información vaticana decía que eran sólo 74.000 miembros y lograron asentarse en 42 países. Es evidente que se trata de una cofradía secreta, una secta de élite, reclutados entre los que mandan y destinados a mandar.

El Papa Juan Pablo II simpatizaba con el Opus ya en 1978. La influencia de la organización en el vaticano se hizo evidente ante el brusco desplazamiento de los jesuitas.

Una de las actividades más importantes del Opus es captar y capacitar a quienes ocuparán puestos de mando en el futuro próximo. Es así que dirige importantes universidades en la mayoría de los países donde se ha radicado. En Argentina ha fundado, entre otros, el Instituto de Altos Estudios Empresariales dirigido a formar directivos y otorgar Master Profesional en Dirección de Empresas.

Para las mujeres en cambio, tiene un centro de capacitación para formar exclusivamente a sirvientas de los dirigentes de empresas. Está en Bella Vista, oeste del Gran Buenos Aires y se llama Instituto Integral en Estudios Domésticos [7] .

 

Además de un importante listado de bienes puesto siempre a nombre de sociedades que le dan cobertura, el Opus ha logrado una importante inserción en numerosas sociedades anónimas, en el sector político, en la justicia pero una de sus principales estrategias es la posesión y control de los medios de comunicación.

 

Podríamos definir al Opus Dei como una organización fascista, secreta de la Iglesia Católica, con poder sobre el Papa y el Vaticano,  intolerante, autoritaria, elitista,  con gran capacidad económica, capitalista, neoliberal y misógina. Con su fanatismo pretenden avasallar las conciencias y el destino de ciudadanos/as, a la vez que son hipócritas inexcrupulosos que están al servicio de los sectores de mayor poder económico en el mundo.

 

Por otro lado y desde el norte, instituciones como el Instituto Republicano Internacional apoyan a grupos conservadores para que a su vez fortalezcan a opciones derechistas en sus respectivos países. (Aquí habría que analizar la reciente campaña que hizo la derecha en El Salvador)

Hay también un fundamentalismo económico y político, de libre mercado, de capitalismo libre de cualquier regulación del gobierno, unido a un fuerte nacionalismo de EEUU. Es por eso que hay apoyo para una fuerte policía e impresionante presupuesto para el ejército. Este tipo de fundamentalismo no es tradicionalmente religioso o conectado con el cristianismo.

 

En los ochentas hubo una fuerte politización del fundamentalismo protestante  con la organización de los imperios de los medios de comunicación por grupos protestantes conservadores. Los fundamentalistas organizaron grandes redes políticas para ganar elecciones en todos los niveles: locales, de los estados y nacionales y cada vez más accedieron al poder en el partido republicano.

 

Este avance del fundamentalismo se refleja  en la política internacional de Bush en las Conferencias de Naciones Unidas quitando todo tipo de apoyo a los derechos reproductivos. Un claro ejemplo, está siendo la posición oficial de EEUU en todo el proceso de Cairo +10. Frente a la crisis del SIDA, Bush ha prometido una gran donación de dinero, pero lo  poco que ha dado está restringido a políticas que recomiendan la abstinencia. Entonces también ante el aumento de muertes en Africa a causa del SIDA, Bush  impone su ideología de sexualidad o no sexualidad [8] .

 

Será entonces que los fundamentalismos en todas las religiones han resurgido con tanta fuerza en los últimos 20 años de manera silvestre, tal como plaga que se extiende frente al caos de las libertades sexuales.... O estamos ante un proyecto fundamentalista-militarista para sostener o ser funcional a un único poder?

 

Si recordamos el fenómeno de las dictaduras militares en América Latina, si hacemos memoria y recordamos la cantidad de conflictos entre países vecinos que han llegado a la guerra y siguen en peligro de guerra; si tenemos en cuenta que los talibanes fueron entrenados por la CIA en otro contexto político y que muchos cuadros Iraquies eran también agentes de la CIA; y si no nos olvidamos quién ha sido el instructor silencioso en estos procesos, bien podemos imaginar que hay un proyecto fundamentalista-militarista que solo puede “beneficiar” al poder hegemónico del mundo a pesar de los costos colaterales que le implica. Poder que no sabe hasta cuando tendrá EEUU y que el surgimiento de los fundamentalismos religiosos y violentos le está permitiendo producir y vender más armamento entre otras cosas y preservar un tiempo más su poder aunque el mundo se desplome. Eso sí, poco sexo y en pocas oportunidades y de la misma manera y con la misma persona. En un proyecto militarista debemos estar todas y todos bien uniformados.

 

Bibliografía consultada:

·         Edgar Gonzáles Ruiz es autor del libro Cruces y Sombras. Perfiles del Conservadurismo en América Latina, licenciado y maestro en filosofía.

·         Rosemary Radsfor Ruether, norteamericana, teóloga católica feminista que da clases en Illinois y es autora de importantes libros.

·         Claudio Fantini, de Córdoba, Argentina, licenciado en Ciencias Políticas en la Universidad Católica de Córdoba.

·         Alberto Múnera, Sacerdote Jesuita Colombiano

·         Héctor Ruiz Nuñez, Argentino, es licenciado en Administración de Empresas y Master en economía en la Universidad de Harvard.

·         Enrique Dussel, UAM-Iz-, México

 


 

[1] Claudio Fantini de Córdoba, Argentina, licenciado en Ciencias Políticas en la Universidad Católica de Córdoba.

[2] Claudio Fantini de Córdoba, Argentina, licenciado en Ciencias Políticas en la Universidad Católica de Córdoba.

[3] Claudio Fantini de Córdoba, Argentina, licenciado en Ciencias Políticas en la Universidad Católica de Córdoba.

[4] Enrique Dussel, UAM-Iz-, México

[5] Idem anterior

[6] Héctor Ruiz Nuñez, Argentino, es licenciado en Administración de Empresas y Master en economía en la Universidad de Harvard

[7] Ídem anterior

[8] Rosemary Radsfor Ruether, norteamericana, teóloga católica feminista

 


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