Una de
las características más comunes y compartidas entre todos
los fundamentalistas es el deseo de imponer control sobre
las mujeres, de regresar al estado de absoluta subordinación.
Manifiestan una hostilidad y miedo de la sexualidad de las
mujeres, el deseo de restringir la sexualidad libre fuera
del matrimonio. Los fundamentalistas en general, quieren restaurar
una ideología de complementaridad entre los géneros hombre
y mujer, como realidades inmutables. Rechazan ideas modernas
de igualdad de mujeres y hombres con capacidades semejantes.
Ante
un embarazo no deseado no se podrá pensar en un aborto, porque
hasta un feto tiene, desde esta concepción, más derechos que
la propia mujer.
¿En qué
se basan? ¿Porqué sostienen esta posición misógina? Para sostener
el poder masculino en la sociedad recurren muchas veces a
los mitos fundacionales de las diferentes religiones.
Como
humanos y humanas somos seres racionales, somos los únicos
seres que tienen conciencia de la muerte y que aspiramos a
la inmortalidad. Es por eso que somos mitológicos. En
la mitología conviven la mentira y la razón. El mito
es una ficción, el relato de algo imposible. La razón, en
cambio, es lo que se puede explicar, lo que tiene una lógica.
“Si
bien el concepto colectivo de Dios, puede responder a la necesidad
razonable que las personas tienen para luchar contra
la desolación existencial que le provoca saber de la muerte,
la religión puede entenderse como la construcción colectiva
de normas y doctrinas que el ser humano necesita para convivir
con otros en armonía. Esto equivale a decir que la religión
junto con la fuerza, constituye el primer instrumento político
surgido en el orígen de la sociedad humana para imponer un
orden en el caos”.
Con este
fin político de imponer orden aparecen los mitos fundantes
de las religiones actuales imponiendo un único dios masculino,
espejo de la imagen del poder que querían ejercer en sociedades
politeistas, donde muchas deidades eran femeninas
Los fundamentalistas
se basan en mitos y en momentos históricos que nada tienen
que ver con el presente para condenar a la mujer a la subordinación,
a la obediencia al varón, negando el avance de la humanidad,
los procesos históricos y sociales. Tendremos
que leer que esta avanzada en contra de las mujeres y de los
derechos sexuales y reproductivos está basada en el poco empoderamiento
de las mujeres que las sigue haciendo vulnerables.
Se obstinan
en conservar creencias que les permiten sentirse seguros en
un lugar de poder y privilegio. Y si nosotras tenemos en nuestros
cuerpos marcada la culpa milenaria del pecado original y trabajamos
y reflexionamos para dejar la culpa atrás, el poder masculino
más recalcitrante no quiere reconocer las verdades que tiene
hoy ante sus ojos porque no quiere perder el privilegio y
ese lugar de privilegio lo tiene grabado en su cuerpo también.
Se trata entonces de desandar, de comprender, de debatir,
de encontrar caminos. Es lo que viene haciendo el feminismo
en sus diferentes expresiones.
Los mitos
no sólo dieron legitimidad al poder y a los poderosos de esos
momentos históricos sino que construyeron un relato
de todos los misterios y dilemas de la vida, una consmovisión
determinada, que condicionó la cultura, las leyes, las artes
durante cinco mil años. Las variantes de los mitos fundantes
en las diferentes religiones son significativas en algunos
aspectos pero refuerzan de un modo u otro el patriarcado.
Pero sería muy ingenuo creer que sólo la mujer ocupaba un
lugar subordinado. El dios único todopoderoso es reflejo del
poder concentrado en una sola persona, es reflejo de un mundo
pensado desde las jerarquías, desde la dominación de
clase, de género, de razas, etc.. Se consideraba que el poder
tenía origen divino.
Es por
eso la gran lucha de las religiones contra la modernidad.
La ciencia ha sido un gran enemigo que podía derrivar los
mitos más poderosos. Junto con las ciencias, la democracia,
las libertades, los derechos humanos.
Para
restaurar creencias, privilegios y poder, por ejemplo,
la Iglesia Católica apeló a todos los métodos desde castrar
hombres para que las mujeres no aparezcan en los coros de
las iglesias hasta la “santa inquisión” para condenar y quemar
en la hoguera a los disidentes (herejes), pero la mayoría
fueron las herejes.
Nos cuesta
creer que las semejanzas de los fundamentalismos en diferentes
regiones del planeta sea una casualidad. Tal vez se fueron
dando las condiciones para el resurgimiento del fundamentalismo
como expresión genuina de algunas culturas, sectores religiosos,
etc. Pero sobre esas condiciones sospechamos que está actuando
un proyecto fudamentalista con objetivos claros. Promover
la intolerancia es promover la guerra y con la guerra todos
sabemos quién gana. En la lógica de la guerra siempre gana
el más fuerte, el que tiene más armas, más especialización
y el que vende las armas. También hay guerras que se pierden
políticamente, pero la intención fundamentalista desde mi
lógica está ligada al militarismo y al dominio del mundo.
María Consuelo Mejía, en un reciente trabajo
decía: “es interesante la paradójica relación, entre la concentración
de la propiedad de los medios de producción y los intentos
por homogeneizar a las personas y a las sociedades, borrando
de la faz de la tierra todo aquello que no se ajuste a las
normas de quienes desde el poder de las instituciones, promueven
posiciones fundamentalistas de derecha, sobre todo en temas
morales. En clara alianza estratégica, los sectores
más conservadores de las Iglesias, los Estados y los Ejércitos
apoyados por cuantiosos recursos económicos, promueven campañas
en contra de cualquier manifestación de la diversidad; estamos
viviendo una creciente oleada de fundamentalismos dirigida
a homogeneizar, controlar, “moralizar”. Y las religiones juegan
un papel muy importante en estos procesos, porque ofrecen
los vínculos con la paz espiritual, con lo simbólico y lo
trascendental, que millones de personas buscan con ansiedad”.
En América
Latina una de las voces más fuertes en este proceso es la
de la jerarquía conservadora de la Iglesia Católica. Vale
la pena recordar,
cuando en el la Navidad del año 2000, Juan Pablo II habló
de la cultura de la muerte mencionando a la violencia terrorista,
la guerra, la eutanasia y el aborto. En relación al terrorismo
y las guerras hay consenso en la condena desde las diferentes
corrientes humanistas. Pero no ocurre lo mismo con la eutanasia
y el aborto. Sin embargo igualó a todas.
Equiparó fenómenos
absolutamente repudiados con aquellos que están en debate
pretendiendo imponer una vez más una creencia como única verdad.
Pero
en su denuncia navideña del 2000 y su prédica posterior pusieron
en envidencia alguno olvidos del Papa: no se acordó de la
pena de muerte ni del fanatismo religioso. Si lo hubiera hecho
hubiera sido más coherente en su planteo. Ese fanatismo-fundamentalismo
religioso que legitima la violencia contra las mujeres, contra
homosexuales y lesbianas, ese fanatismo misógino que genera
muertes públicas y privadas y que lleva a las naciones a la
guerra. Fanatismo religioso que impide el diálogo en muchos
puntos en conflictos del planeta y obtura el debate en temas
controvertidos y difíciles para las personas y las comunidades.
Para
los fundamentalistas los dilemas de la vida y el destino de
los pueblos tienen que ser resueltos desde la religión, y
cualquier diferencia o consesión en cuestiones sagradas más
que traición a la patria es traicionar a Dios. Por eso cuando
Dios entra en la disputa terrenal la consecuencia es la “guerra
santa”. Fanatismo viene del latín fanaticus, adjetivo
que en la Antiguedad señalaba al que defendía apasionadamente
una posición religiosa, mientras que diálogo implica más de
un logos, o sea más de una razón. Por eso para dialogar
hay que salir del templo, o sea aceptar que existe otra razón
además de la mía, y que debe ser respetada y atendida como
la mía.
Desde
la tolerancia, la pretendida verdad, puede ser una verdad
universal, pero mientras no sea una verdad demostrada con
todos los argumentos, el desafío será seguir elaborando los
mejores argumentos y las demostraciones necesarias para que
sea aceptada. Ese tiempo de espera activa mediante el debate
de ideas es lo que caracteriza a la tolerancia. Tiempo de
espera que implica permitir al otro, al diferente que mantenga
y exprese su verdad y dejarse interpelar también por otras
posiciones. Una verdad podrá ser irrefutable pero no tendrá
validéz si no es reconocida mediante un proceso de consenso.
Entonces
la tolerancia implica la capacidad de esperar racionalmente.
Cuando
la intolerancia dogmática tiene suficiente poder político
para imporner a otros su Voluntad de Poder, es cuando se usa
la violencia para expandir “la verdad” y exigir ser acepada
por todos los demás.
Si analizamos
lo que viene pasando en la iglesia católica, tenemos que durante
el Concilio Vaticano II, se generó un debate amplio y profundo
con la participación de todas las tendencias del catolicismo
que tuvo como resultados:
- se
elevó a un primer plano el papel pastoral de la Iglesia;
- se
suprimieron las formas anacrónicas de culto;
- se
estableció un firme compromiso con los más pobres del planeta;
- se
impulsó el distanciamiento del clero con los partidos políticos
y los gobiernos,
- se
abrió por primera vez el diálogo con otras religiones.
Juan
XXIII no se quedó en el estrecho espacio de los cardenales
(consistorio) y llevó la doctrina al debate más amplio y pluralista
con la convocatoria al Concilio Ecuménico Vaticano II.
En cinco años marcó a toda la iglesia con la renovación, con
un soplo de aire fresco. Pablo VI continuó en algunos aspectos
en la línea renovadora del Concilio, pero fue el responsable
de cajonear el informe de una comisión que daba validez a
la anticoncepción.
Juan
Pablo II impuso bajo su reinado una visión filosófica
en toda la iglesia que es su propia convicción, reafirmada
sólo por su entorno de cardenales. Sin embargo, esa convicción
personal adquirió el rango de doctrina y marcó las posiciones
de la Iglesia en los temas de la vida, la familia, el sexo,
la muerte y la moral. Y fueron posiciones duras y excluyentes,
nunca expuestas a debates en las bases de la institución sino
surgidas en la convicción de un hombre, confirmadas en el
ámbito cerrado de sus propios asesores y, luego, impuestas
con la verticalidad que permite una estructura monárquica.
Wojtyla
se ha caracterizado por un fuerte personalismo y un revisionismo
apuntado a desandar gran parte del camino recorrido a partir
del Concilio Vaticano II. Su vocación restauradora fue más
inteligente que la de Lefebvre. Su pontificado sepultó al
lefebvrismo y su convicción de volver al medioevo de la noche
a la mañana. En cambió realizó un trabajo a largo plazo con
el mismo objetivo, buscando el retorno a estructuras anteriores
al Concilio.
En América Latina, a pesar
de las diferencias en los modos de actuar, los fundamentalistas
católicos, en general tienen todos fuertes relaciones entre
los sectores afines de diferentes países, a la vez que
un fuerte apoyo a todos ellos por parte del Vaticano y de
sectores ultraderechistas de Estados Unidos, identificados
con el gobierno de Bush.
Esta situación ocurre actualmente, por ejemplo, en el apoyo
a movimientos provida de los países latinoamericanos, mediante
instituciones como el Consejo Pontificio para la Familia,
presidido por el cardenal colombiano Alfonso López Trujillo,
grupos internacionales como la Alianza Latinoamericana para
la Familia, impulsada por los millonarios venezolanos Cristina
y Alberto Vollmer y Familia de las Américas, creada por Mercedes
Arzú de Wilson, hermana del ex presidente de Guatemala, Alvaro
Arzú, y también a través de coaliciones, como Vida Humana
Internacional, que desde Miami coordina a grupos provida de
países latinoamericanos.
Edgar Gonzáles Ruiz, en Cruces y Sombras distingue tres grandes
aspectos:
1) La ideología del conservadurismo
católico, tal como ha sido expuesto en encíclicas de Juan
Pablo II y en documentos del Vaticano, insisten en la exaltación
de la abstinencia sexual y el rechazo del laicismo.
2) Influir en los marcos
jurídicos de cada uno de los países hispanoamericanos en lo
que se refiere a las relaciones entre el Estado y las iglesias
y a temas de salud sexual y reproductiva, educación y estructuras
familiares. Es alarmante la inmensa influencia que tiene la
jerarquía católica en la vida institucional de los países
hispanoamericanos;
3) La actuación de los principales
grupos conservadores católicos en cada país, incluyendo los
de carácter internacional, como el Opus Dei, los Legionarios
de Cristo, los Caballeros de Malta y el Sodalicio de Vida
Cristiana. Se mencionan también algunos grupos internacionales
protestantes, como Focus on the Family, creado en Estados
Unidos, que colaboran con el activismo católico. Las coaliciones
internacionales católicas como VHI, la Red de Ayuda a la Mujer,
etc.
Human Life International, HLI, es una coalición
de grupos provida de varios países, impulsada por poderosas
fuerzas conservadoras de Estados Unidos y apoyada por la jerarquía
católica, a través de organismos como el Consejo Pontificio
para la Familia, de agencias de prensa como ACI y del activismo
provida que Juan Pablo II ha prescrito al clero y a grupos
de laicos.
Varias líneas de acción distinguen a HLI:
1) Su apoyo a las autoridades de Estados Unidos
y de otros países que se identifican como "antiaborto"
y "proabstinencia". Una paradoja de HLI y otros
grupos provida es su apoyo a mandatarios como George Bush
pese al militarismo que ha caracterizado a su gobierno;
2) Su denuncia de autoridades, personajes políticos,
grupos civiles y fundaciones a quienes HLI identifica como
liberales, feministas o defensores del laicismo. HLI usa una
retórica agresiva contra sus adversarios y trata de perjudicarlos
en el terreno legal o financiero. Entre los principales blancos
de los ataques de HLI se cuentan IPPF, el Fondo de Población
de las Naciones Unidas y Católicas por el Derecho a Decidir.
3) La promoción, en cada país, de medidas tendientes
a socavar la separación entre la Iglesia y el Estado, para
lo cual organizan campañas para implantar leyes que prohíban
o desalienten comportamientos prohibidos por el catolicismo
oficial, como el aborto, el uso de anticonceptivos, la libertad
sexual, etc., a la vez que apoyan propuestas para fortalecer
la influencia del clero católico en la educación y en la vida
política.
En el Catolicismo,
el grupo español fascista Opus Dei tiene mucho poder dentro
del Papado actual. En Argentina es la organización católica
que más ha crecido en el país en los último 30 años. Dirigido
al sector socioeconómico más alto, su discurso ha conquistado
simultáneamente adhesiones y donaciones. Son dueños de muchas
propiedades suntuosas. Juan Pablo II le dió carácter formal
al Opus Dei en 1982 luego de que la Sagrada Congregación para
la Doctrina de la Fe (ex-santa inquiscisión), aprobaran los
estatutos de la organización.
El Opus
Dei se ha especializado en el ocultamiento de la información,
característico de logias, sociedades secretas y sectas. Tal
vez intentan evitar que se conozcan las razones de la expansión
del Opus. En los años 90 la información vaticana decía
que eran sólo 74.000 miembros y lograron asentarse en 42 países.
Es evidente que se trata de una cofradía secreta, una secta
de élite, reclutados entre los que mandan y destinados a mandar.
El Papa
Juan Pablo II simpatizaba con el Opus ya en 1978. La influencia
de la organización en el vaticano se hizo evidente ante el
brusco desplazamiento de los jesuitas.
Una de
las actividades más importantes del Opus es captar y capacitar
a quienes ocuparán puestos de mando en el futuro próximo.
Es así que dirige importantes universidades en la mayoría
de los países donde se ha radicado. En Argentina ha fundado,
entre otros, el Instituto de Altos Estudios Empresariales
dirigido a formar directivos y otorgar Master Profesional
en Dirección de Empresas.
Para
las mujeres en cambio, tiene un centro de capacitación para
formar exclusivamente a sirvientas de los dirigentes de empresas.
Está en Bella Vista, oeste del Gran Buenos Aires y se llama
Instituto Integral en Estudios Domésticos.
Además
de un importante listado de bienes puesto siempre a nombre
de sociedades que le dan cobertura, el Opus ha logrado una
importante inserción en numerosas sociedades anónimas, en
el sector político, en la justicia pero una de sus principales
estrategias es la posesión y control de los medios de comunicación.
Podríamos
definir al Opus Dei como una organización fascista, secreta
de la Iglesia Católica, con poder sobre el Papa y el Vaticano,
intolerante, autoritaria, elitista, con gran capacidad
económica, capitalista, neoliberal y misógina. Con su fanatismo
pretenden avasallar las conciencias y el destino de ciudadanos/as,
a la vez que son hipócritas inexcrupulosos que están al servicio
de los sectores de mayor poder económico en el mundo.
Por otro
lado y desde el norte, instituciones
como el Instituto Republicano Internacional apoyan a grupos
conservadores para que a su vez fortalezcan a opciones derechistas
en sus respectivos países. (Aquí habría que analizar la reciente
campaña que hizo la derecha en El Salvador)
Hay también
un fundamentalismo económico y político, de libre mercado,
de capitalismo libre de cualquier regulación del gobierno,
unido a un fuerte nacionalismo de EEUU. Es por eso que hay
apoyo para una fuerte policía e impresionante presupuesto
para el ejército. Este tipo de fundamentalismo no es tradicionalmente
religioso o conectado con el cristianismo.
En los
ochentas hubo una fuerte politización del fundamentalismo
protestante con la organización de los imperios de los
medios de comunicación por grupos protestantes conservadores.
Los fundamentalistas organizaron grandes redes políticas para
ganar elecciones en todos los niveles: locales, de los estados
y nacionales y cada vez más accedieron al poder en el partido
republicano.
Este
avance del fundamentalismo se refleja en la política
internacional de Bush en las Conferencias de Naciones Unidas
quitando todo tipo de apoyo a los derechos reproductivos.
Un claro ejemplo, está siendo la posición oficial de EEUU
en todo el proceso de Cairo +10. Frente a la crisis del SIDA,
Bush ha prometido una gran donación de dinero, pero lo poco
que ha dado está restringido a políticas que recomiendan la
abstinencia. Entonces también ante el aumento de muertes en
Africa a causa del SIDA, Bush impone su ideología de
sexualidad o no sexualidad.
Será
entonces que los fundamentalismos en todas las religiones
han resurgido con tanta fuerza en los últimos 20 años de manera
silvestre, tal como plaga que se extiende frente al caos de
las libertades sexuales.... O estamos ante un proyecto fundamentalista-militarista
para sostener o ser funcional a un único poder?
Si recordamos
el fenómeno de las dictaduras militares en América Latina,
si hacemos memoria y recordamos la cantidad de conflictos
entre países vecinos que han llegado a la guerra y siguen
en peligro de guerra; si tenemos en cuenta que los talibanes
fueron entrenados por la CIA en otro contexto político y que
muchos cuadros Iraquies eran también agentes de la CIA; y
si no nos olvidamos quién ha sido el instructor silencioso
en estos procesos, bien podemos imaginar que hay un proyecto
fundamentalista-militarista que solo puede “beneficiar” al
poder hegemónico del mundo a pesar de los costos colaterales
que le implica. Poder que no sabe hasta cuando tendrá EEUU
y que el surgimiento de los fundamentalismos religiosos y
violentos le está permitiendo producir y vender más armamento
entre otras cosas y preservar un tiempo más su poder aunque
el mundo se desplome. Eso sí, poco sexo y en pocas oportunidades
y de la misma manera y con la misma persona. En un proyecto
militarista debemos estar todas y todos bien uniformados.
Bibliografía consultada:
·
Edgar Gonzáles Ruiz es autor del libro Cruces
y Sombras. Perfiles del Conservadurismo en América Latina,
licenciado y maestro en filosofía.
·
Rosemary Radsfor Ruether, norteamericana, teóloga
católica feminista que da clases en Illinois y es autora de
importantes libros.
·
Claudio Fantini, de Córdoba, Argentina, licenciado
en Ciencias Políticas en la Universidad Católica de Córdoba.
·
Alberto Múnera, Sacerdote Jesuita Colombiano
·
Héctor Ruiz Nuñez, Argentino, es licenciado
en Administración de Empresas y Master en economía en la Universidad
de Harvard.
·
Enrique Dussel, UAM-Iz-,
México