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“Antes que la casa de
piedra cayera“
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Sharon Shenhav
Abogada
israelí, representante del Comité por la Inclusión de la Perspectiva
de Género en los Procesos de Paz e integrante del Miemad. Su carrera
legal en Israel ha estado dedicada a luchar contra el fundametalismo judío,
en especial en áreas como el divorcio y los problemas de «agunot»
(mujeres judías que no pueden divorciarse). Desde
1998 es directora del International Jewish Women’s Human Rights Watch.
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Lamentablemente el
fundamentalismo ha ido reformulándose de mil
nuevas maneras a través de los años y hoy podemos hablar de
un fundamen-talismo económico, de uno cultural y de un
fundamentalismo político que se desarrollan dentro de los
así llamados “sistemas democráticos”.
Me voy a referir
específicamente al fundamentalismo político israelí, que está
alcanzando uno de sus puntos más altos en estos días.
Los gobiernos
israelíes han llegado a creer que
la única manera de manejar las cosas es a través del control y la
dominación; han acabado por creer que ellos son el Bien
y los otros el Mal y se han convertido en extremistas usando los
métodos más brutales y agresivos,
sin dejar más
opciones que las de aceptar sus términos.
El fundamentalismo
político de Israel se expresa a través
del sitio continuado al pueblo palestino en su propio territorio,
cometiendo asesinatos, matanzas de gente inocente, de mujeres y de niños
y niñas, arrasando ciudades, imponiendo una drástica limitación de
movimientos que llega hasta
a impedirles el acceso a la atención médica.
Todo esto afectó
en particular a las mujeres palestinas, que de un momento al otro se
vieron enfrentadas a asumir
las funciones de madres y padres, y a ser el único sustento de sus
familias después de perder a los
maridos, hermanos,
hijos; en consecuencia vieron
afectada su salud, su
educación, sus empleos.
Y esto en momentos
en que la situación económica no ofrece prácticamente posibilidades
de empleo y, cuando muy a
menudo, deben contar con sus hijos para el sustento diario, niños que
abandonan los estudios para trabajar en condiciones insalubres.
Desde el comienzo
de la Intifada Alaqsa, el año pasado, Israel instaló 90 nuevos
asentamientos en la Ribera Occidental y en la Franja de Gaza, colocó
129 bloqueos militares para impedir el libre
acceso a ciudades y pueblos y dividió ese
territorio en 220 áreas aisladas; como consecuencia, las
maestras y las y los niños y niñas
de pueblos alejados
no pudieron llegar a sus escuelas; 174 escuelas palestinas
debieron cerrar por el sitio, mientras que 90.000 estudiantes de
secundaria dejaron de asistir a los liceos. Hoy el 20,3% de las mujeres
mayores de 15 años son analfabetas, comparado al 7.8% de hombres.
El sitio y los
bloqueos impiden además la libre circulación de alimentos, de
servicios, y de los y las trabajadores
lo que afecta negativamente la economía palestina. Los informes
aseguran que luego de la imposición de estas medidas, 275.000
palestinos perdieron sus trabajos; el 65% de los que viven en
la Ribera Occidental y en la Franja de Gaza viven por debajo de
la línea de pobreza (que está en 392 U$S dólares por mes para una
familia de dos adultos y cuatro niños); la tasa de desempleo alcanzó
el 48% en la Ribera Occidental y el 67% en Gaza.
Con relación a la
salud las cifras son aún peores. Dado que el 70% de los palestinos vive
en áreas rurales las restricciones a la circulación han provocado que las enfermas no puedan llegar a atenderse porque son
detenidas largas horas por los
controles militares; que los partos en las casas hayan aumentado un 100%
y que la mortalidad al nacer haya aumentado un 58% a causa de la
falta de atención médica.
El informe de
la UNRWA, agrega asimismo que
la atención post parto a las madres descendió un 52% lo que ha
llevado a un aumento de muertes maternas. Estadísticas recientes
muestran que el 80% de las mujeres palestinas, no recibe hoy, ningún
tipo de atención médica post parto.
Las pérdidas en la propiedad, se pueden calcular en sumas
enormes. Los fundamentalistas israelíes, no se olvidan de la propiedad,
lamentablemente. Sólo el año pasado Israel demolió 809 casas
palestinas, estropeó 3.669; destruyó cerca de 108 pozos de agua y 50
lugares de culto, además de los 679 edificios destruidos durante los
bombardeos.
Al perder sus
casas las mujeres perdieron sus
pertenencias y sus ahorros, lo que afectó dramáticamente su salud
mental y física, teniendo en cuenta que
son el único apoyo de sus familias y que por añadidura las
casas eran el único lugar donde podían estar con cierta seguridad.
Los
“bulldozers” de Israel destruyeron
caminos y arrancaron plantaciones, con el agravante de que la
mayoría de las mujeres palestinas rurales, vivían de la agricultura,
ellas y sus familias.
Todavía hay
más, están las prisioneras políticas, que son actualmente 13.
Cuatro de ellas son: Su’ad Ghazal de 18 años sentenciada a
seis años y medio de cárcel; Saná Amor de 15, sentenciada a un año;
Raba’a Hamayel también de 15 años detenida desde el 28 de mayo de
2001 y Sawsan Abu Tarqui, de 14 años detenida desde el 4 de setiembre
de 2001.
Todas
las prisioneras fueron sometidas a brutales palizas por los
israelíes que llevaban a cabo los interrogatorios; dos de las detenidas
tuvieron que ser internadas en un hospital como consecuencia de los
golpes, una de ellas fue la
niña de 14 años, Sawsan
Abu Tarqui.
El poema siguiente
nos habla de los sufrimientos que hombres y mujeres palestinos
deben soportar por el sentimiento de pérdida agravado día tras
día. El poema se llama “Hace Cincuenta Años” y su autora es la
palestina, Suhair Majaj.
Hace
cincuenta años/que estoy tratando de contar/
todo
lo que se perdió/antes de mi nacimiento.
La
historia de lo que había/
antes
que la casa de piedra cayera/
que
la ráfaga de bombas cayera/que las rocas fueran destinadas a nuevas
funciones o desmenuzadas/ y la tierra declarada limpia, vacía.
Antes
las naranjas se inclinaban con pesar/cayendo los pimpollos al suelo como
nieve/que se derrite pronto. (…)
Antes
que las lágrimas se transformaran en incredulidad/la incredulidad en
angustia/ la angustia en impotencia/ la impotencia en rabia/la rabia en
desesperación.
Antes
que la copa se llenara/levantada enérgicamente hasta nuestros labios.
Hace
cincuenta años/estoy tratando de contar la historia/de lo que todavía
estamos perdiendo.
Querría al
finalizar, levantar mi voz por las madres palestinas que viven en
constante miedo –no por sus propias vidas, no por su salud, no por
techo y comida para ellas – sino por las vidas de sus hijos,
con palabras de In’am Odeh madre de Firas de 13 años, muerto
por soldados israelíes:
“No he podido
dormir o pensar desde su muerte, porque la pregunta que me persigue es
ésta: ¿es culpa mía que
Firas muriera, o fue Dios quien decidió arrancarlo de mi lado?”
Y luego sigue
diciendo:
“Un día fui a
buscar a mi hijo y llegué al área donde una
batalla real estaba sucediendo. Las balas caían entre esos niños
como gotas de lluvia. Me senté en el suelo gritando histéricamente
agarrando a cualquier chico que pasaba, pensando que podía ser mi
hijo”.
No quedan palabras
después de éstas de una madre palestina, pero querría terminar
afirmando que el fundamentalismo político de Israel empezó con la
ocupación y sólo se terminará con
su fin.
La información de esta presentación, incluyendo el poema y los
testimonios han sido extraídas de “Luces (Highlights) en la Lucha de
las Mujeres Palestinas, El Primer Año de la Intifada de la
Independencia”, publicación de las Trabajadoras Palestinas, Sociedad
para el Desarrollo, 2002
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