VOCES DE MUJERES
testimonios

 

“Ya sé cómo es la Tierra Prometida“
 

Rose Muraro                                     
Fue una de las primeras en levantar en el Brasil moderno el tema de la mujer. Desde 1969 trabajó en instituciones de la Iglesia Católica, hasta que en 1986 (al mismo tiempo que el Padre Leonardo Boff), fue castigada por el Vaticano por sus trabajos sobre el feminismo y la sexualidad . Escritora y editora. En 1994 ganó el título de Intelectual del Año.

 

 

 

 



 

Mi relación con la Iglesia progresista se inició en la adolescencia (década del 40). Mi familia era muy rica, mientras las personas se despedazaban entre sí para conseguir más dinero y más poder. Fui la única que rechazó visceralmente esa situación. Cuando tenía 15 años mi padre se murió de la enfermedad de los ejecutivos: infarto. Más tarde todos mis tíos también morirían jóvenes.  

El día que murió mi padre juré sobre su tumba que iba a dedicar mi vida a construir un mundo nuevo. En esa época conocí a un curita flaquito, que casi no comía ni bebía, y era considerado un santo: el padre Helder Câmara.  

A partir de ese momento fui a trabajar con él, ya que él era quien estaba construyendo el mundo nuevo que yo quería. Cincuenta años después, cuando yo daba clases en Filadelfia (EEUU), las mujeres me dijeron que había tenido un contacto profundo con uno de los más grandes santos del siglo XX, más grande que Mahatma Gandhi “puesto que él había intuido el que sería el modelo socio-económico-político hegemónico del siglo XXI, por ser alternativo al capitalismo globalizado”.  

Pero, ¿cómo fue que sucedió todo? Mi trabajo con él comenzó en la propia escuela de verano en la que yo estudiaba. En aquella década se había formado la Juventud Estudiantil Católica (JEC) que trabajaba para traer el mundo hacia Cristo.  

Era una iniciativa comenzada por el Papa Pío XI con la finalidad de recuperar las masas para el catolicismo, porque los obreros se volcaban al marxismo y la clase media se volvió agnóstica.  

Por ello, los laicos de todos los sectores de la sociedad trabajaban dentro de su propio grupo para lograr esta transformación. Existía la Juventud Estudiantil Católica (JEC), la Juventud Universitaria (JUC), la Obrera (JOC), la Agraria (JAC) y así sucesivamente.

El método de conquista era el de pequeños grupos que utilizaban el ver (detectar), juzgar (analizar) y actuar (realizar tareas establecidas colectivamente). Todo esto se realizaba envuelto en una fantástica mística de Justicia y también en el principio de salvación religiosa.  

Esto se fue apropiando de Brasil, especialmente en la década del 50, cuando siendo ya Obispo y Secretario General de la CNBB (Conferencia Nacional de Obispos de Brasil),  logró que todas las diócesis, que abarcaban todo el territorio nacional, siguieran, de un modo u otro, sus pasos.  

En el comienzo de la década del 60 se comprobó que era posible una izquierda dentro de la Iglesia: si queríamos seguir a Cristo teníamos que luchar específicamente por la liberación de los pobres y específicamente ser pobres.  

Pero las cosas no eran fáciles. En los últimos 1700 años la Iglesia había estado específicamente del lado de los poderosos, la mayoría de los obispos eran reaccionarios y fundamentalistas; pero nadie podía dudar de la santidad de Dom Helder.  

Fue así que, al inicio de la década de los 60, su accionar y también el nuestro habían alcanzado tales proporciones que llegaron a amenazar al sistema establecido. La mitad del movimiento obrero, casi todo el movimiento estudiantil y buena parte de los campesinos pertenecían a la izquierda de la iglesia. El movimiento comunista era muy pequeño y las masas influenciadas por la ideología de la derecha hegemónica tenían miedo porque pensaban que los comunistas se apoderaban de las casas de todos y se comían a los niños... Pero la Iglesia era confiable, tradicionalmente confiable.  

En ese momento de gran efervescencia política, Cuba había adoptado el régimen comunista y constituía un modelo de esperanza y liberación para toda América Latina. La CIA, asustada, preparaba las dictaduras de la década del 60 en América Latina, conspirando con los gobiernos de derecha en casi todos los países.  

Por otra parte, el Papa Juan XXIII enviaba equipos desde Roma para observar el trabajo de Dom Helder y escribió las dos encíclicas sociales más importantes del siglo XX: Mater et Magistra y Pacem in Terris, tomando ese trabajo como proyecto piloto para el resto del mundo.  

De este modo, cuando se dio el Golpe del 64, no fue solamente contra los comunistas, sino también y, especialmente, contra el trabajo de la iglesia progresista.  

En 1964 los obispos más reaccionarios (que eran la mayoría) cerraron filas con los militares. Dom Helder fue exiliado a Recife y en 1966 fue disuelta la Acción Católica. Se iniciaba una época de oscuridad y catacumbas. En 1964 entro a la Editorial Vozes, en aquel momento sin el aparato de la Iglesia conservadora. Me llamó el nuevo director, Fray Ludovico Gomes de Castro, quien me permitió llevar toda la producción intelectual de la Iglesia progresista.  

Y el milagro sucede: Vozes estaba tecleando por falta de lectores y el material nuevo se vendía por centenas de miles. Esto significaba que existía un movimiento subyacente, escondido en la Iglesia y en toda la sociedad, a favor de la ideología de izquierda católica, aparentemente derrotada por los militares.  

En 1970, en plena época de tortura, los obispos comienzan a criticar a los militares, conscientes en ese momento de las maniobras de que habían sido víctimas. Era la época de la tortura dura y el 70% de los torturados eran cristianos.  

En ese año llamó Betty Friedan, la feminista, para realizar aquí el lanzamiento de su libro «Mística femenina», provocando tremenda conmoción en Brasil. Pero, se inicia entonces un proceso contra mí en el Vaticano, debido al feminismo. También en ese año llega Leonardo Boff de Alemania y así comienza la Teología de la Liberación, una sistematización del trabajo de la Iglesia progresista.  

De este modo, a través de las publicaciones de Vozes, se inauguran juntos, en los primeros años de la década del 70, los dos movimientos sociales más importantes del sigo XX: el feminismo y la teología de la liberación. Juntos a pesar de todas las contradicciones que los separaban.  

Estos movimientos eran parte de una revolución más grande iniciada en 1968, principalmente con la deserción de la mayoría de los jóvenes americanos de la guerra de Vietnam y de la Revolución de los estudiantes franceses. Nace así en todo el mundo el movimiento de mujeres, el movimiento negro, el joven, la política de izquierda.  

Una vez más el sistema capitalista se conmociona, ahora, a nivel mundial, En los últimos años de la década del 70 no se encontraba ya en los Estados Unidos a nadie que quisiera ir al ejército o ser ejecutivo. Todos querían vivir.

La derecha internacional se estructura de una manera extremadamente competente y no fue casual que en 1980 llegaran al poder Ronald Reagan, Margaret Thatcher, Helmut Kohl y el Papa Juan Pablo II, después del asesinato, por parte de la Mafia, de Juan Pablo I, amigo de Leonardo y progresista. Juan Pablo I quería hacer una inspección en el Banco Ambrosiano que lavaba dinero de la Mafia. Y de este modo, en la década del 80, el conservadurismo vuelve a tener hegemonía en el mundo. Las transnacionales tienen cada vez más poder y el proceso de globalización tiene ya todas las condiciones para dominar al mundo (a partir de 1989, por la caída del comunismo).

En este contexto, al comienzo de la década del 80, es que Leonardo decide pelearse con el Papa. Yo solamente me había peleado con los militares, pero él atacó con fuerza al poder de la Iglesia en su libro “Iglesia, Carisma y Poder”.  

Fue condenado por ello a dos años de silencio. Era peligroso, y nosotros le aconsejábamos que hablara antes de que el silencio entrara en vigor. Y él le dio una entrevista a la BBC, a Morris West, que vieron 700 millones de personas. En ese momento la Iglesia se partió en dos: por un lado la progresista y por el otro la conservadora. Esta última comienza un trabajo sistemático de apartamiento de la Iglesia Progresista.  

Una de sus primeras decisiones fue alejar a Fray Ludovico, a Leonardo y a mí misma de nuestros puestos en la Editorial Vozes, que era ya la institución más importante del mundo en  producción y difusión de la Teología de la Liberación y las ideas progresistas. Sus publicaciones, especialmente las de Leonardo, se traducían a muchos idiomas, la influencia de las mismas abarcaba todo el mundo, transformándose en ideología internacional de resistencia del oprimido.  

Cuatro días después de que lo alejaran de Editorial Vozes, Fray Ludovico es operado de urgencia de cáncer y, en diciembre del mismo año (1987), la operada fui yo.  

Fue terrible.  

En medio de mi debilidad causada por una gran hemorragia vi, como si fuera una escena de  película, mi salida de la editorial, con un llanto convulsivo, del brazo de mi hijo, a la sazón psiquiatra famoso, y en medio de un silencio total, del desconocimiento de mi persona, ¡que había estado en ese lugar durante 25 años! Me parecía que mi vida estaba destruida. Fue entonces cuando supe la causa de mi cáncer.

Era una lucha inconsciente con Dios.  Debajo de aquella mujer audaz que enfrentaba a todas las instituciones había una niña miedosa e inmadura.  

En 1992 se murió Fray Ludovico, pero sigo con el deseo de construir el mundo nuevo que le prometí a mi padre. Y creo que lo estoy logrando. Este trabajo de búsqueda de la justicia que se extiende hoy a todo el mundo es, en parte, fruto de todos los sucesos que vivimos a partir de 1950. Esta búsqueda es, hoy, trabajo de una inmensa multitud. Sé que falta todavía mucho, pero ya sé cómo es la Tierra prometida y sé también que nunca llegaré a ella. Pero ya diviso, aquí en este Foro, sus contornos. Y solo por ello vale la pena haber vivido.