taller                                                
Fronteras anchas y ajenas

 

''Nanduti, oñondivepá'' 

Ramona Alvarez Fleitas


Soy paraguaya, y como la mayoría de mis compatriotas, vengo de la campaña, del campo paraguayo. Pertenezco a la migración no deseada en la Argentina, junto a las peruanas y bolivianas. Digo no deseada, porque no provengo de las migraciones de ultramar, las europeas. No formamos parte del "crisol de razas", ni de la "Argentina blanca y anglosajona".

Sin embargo, hace 50 años, las y los paraguayos, éramos una migración deseada para los dueños de los latifundios de las provincias limítrofes, donde paraguayas y paraguayos, trabajaban de sol a sol para levantar la cosecha de algodón o en los quebrachales, recibiendo por pago una mínima ración de alimentos y violencia del "capanga", capataz del latifundio.

Y hoy somos una migración deseada para las empleadoras del servicio doméstico y también para los "empresarios de la explotación del trabajo sexual", a cambio de una ínfima paga y de la violencia sistemática de la policía. Por eso trasmitir en este Foro, las voces de las mujeres migrantes en Argentina, implica también referirse a nuestros silencios, al sentido histórico de nuestras voces.

Hace años en Paraguay, caminaba descalza por Ipucú, uno de sus pueblos campesinos. Junto a mi madre, plantaba semillas de algodón compradas a crédito. Madre e hija, sabíamos, que otra vez, la cosecha no llegaría a cubrir el costo de las semillas y que nuevamente la compra de las sandalias quedaría para el próximo año. Ese año no llegó. El pedido de mi hermana mayor, trabajadora del servicio doméstico, nos llevó a vivir a la Argentina.

El viaje en barco, hacia Buenos Aires, duró lo suficiente para juntar sobre la cama cuatro enormes merengues, postre desconocido en la campaña paraguaya, y tan bonitos que no quería romperlos. El clima frío y el cambio de estaciones de Buenos Aires me dejaron sin habla, también las preguntas en español del funcionario de la Dirección de Migraciones. Me angustiaba no poder hacerme entender, "ellos" solo hablaban español, no entendían nuestro guaraní.

Mi madre y yo no comprendíamos su español, tuvo que entrar mi hermana, para auxiliarnos y dar todas las explicaciones para el trámite... Otra vez el silencio. Llegar a una gran ciudad, con casas altas, cajas que subían y bajaban llevando gente, sin nadie que las sujetara, era para mi, incomprensible. Cuando llegamos, a la casa, quise tomar agua. Mi hermana giró una perilla que llenó el vaso. Dejé todo y me dediqué a buscar a la persona que había traído el agua desde el icúa. Seguramente estaba escondida detrás del mueble.

No entendía que en Buenos Aires, los icúa, están sobre las casas, en forma de tanque, y que no se necesitan baldes para traer el agua, sino abrir la canilla, los grifos. Fuimos a vivir, a unos 35 km. del centro de la ciudad, allí podríamos tener animales y aves de corral, mi madre no extrañaría tanto su "campaña", también era la única forma de tener un espacio grande y con verde. Las comodidades eran pocas, el transporte nos dejaba a unas veinte cuadras y las calles de tierra, en tiempos de lluvia, se convertían en barrial.

Comencé la escuela; en Paraguay, no lo había hecho, las mujeres van más tarde, tampoco era muy necesario. "Las mujeres están para la casa, y no para estudiar tanto" decía el viejo maestro del pueblo. Los primeros días en la escuela, fueron muy difíciles, no entendía nada de lo que me decían y a esto se le sumaba mi timidez. Estaba paralizada ... mis compañeros se daban cuenta de esto, ... y por supuesto lo usaban ... encontraron un motivo para reírse. Lo hacían, con la frescura que suelen hacerlo los niños, el color, el peinado, la forma de pararme, mi nombre con rima de mona, ... todo era motivo para correr a mi lado y hacerme morisquetas, seguramente pensaban que tampoco las entendía.

Apoyada en la columna, pasaba los recreos. La maestra me alcanzó mate cocido con pan, que se le daba a todos ... el pan para mí, era un manjar que solo comíamos en días muy especiales. Los otros días comíamos mandioca en las más variadas formas. La señora Edith trataba de hacerme entender las mínimas cosas. Ella sabía que en mi casa tampoco podrían ayudarme, mi madre no hablaba español y mi hermano que "entendía algo" no volvía hasta la noche.

Poco a poco, fui entendiendo; aprendí a ponerme zapatos todos los días, llegando hasta tener dos y a cuidarlos mas que a mis pies, para que no se arruinaran; a diferenciar las estaciones del año. Que había una ropa para el invierno y otra para el verano. También comenzaba los trámites para tener los documentos argentinos. Íbamos muy temprano a la Dirección de Migraciones, ya hablaba un poco el español, pero no lo suficiente para hacerme entender rápido. Los empleados de esa repartición siempre tienen mucho apuro.

 

Muchas veces nos dejaban a un costado, mientras seguían atendiendo a otras personas, después de varias horas, se acordaban y volvían a preguntarnos y nosotras tratando nuevamente de explicar en una mezcla de guaraní y español- los trámites que hacíamos. Mientras esperábamos, veía que otras personas, mucho más blancas o rubias, que hablaban distinto, salían muy rápido y sonrientes.

No me daban la radicación hasta los 18 años, significaba que no podría continuar estudiando, aunque a mi hermana ya le habían aconsejado "no es necesario que estudie, total después se casa y para qué tanto gasto" "si hubiese sido varón, bueno, pero ya sabes que las mujeres lo importante es que aprendan a cocinar, un poco a coser.. así le puede ayudar al marido después... ".

En esos tiempos, cuando veía las diferencias que se hacían entre varones y mujeres, comencé a pensar la importancia de la "capacitación para abrirnos la cabeza", y tratar de insertarnos aunque sea un poquito en ese mundo de los "hombres". Poco a poco lo fui logrando, seguí estudiando a la vez que trabajando con las compañeras que recién llegaban de mi país, oficiando de traductora, para que no les pasara lo que a mí. Tratando que se capacitaran, y así poder salir del encapsulamiento del trabajo doméstico ... Desde mediados de los ochenta, cuando se feminizan las migraciones, las paraguayas y las peruanas generalmente son las que muchas veces tienen que mantener un doble hogar, el que dejaron en sus países de origen y el que tienen en el lugar de la migración. Hijos, esposo, padres, esperan la remesa de dinero,"como el pan", que ella con mucho sacrificio enviará, para pagar los gastos de la casa.

En la Argentina, al abuso laboral se le suma también la discriminación cultural para cerrarnos los espacios sociales y cívicos. A pesar de que formamos parte de las llamadas migraciones recientes la ciudad de Buenos Aires, se funda en el Siglo XVI, (1580) por un contingente proveniente de Asunción (hoy Paraguay) con "mancebos de la tierra y Ana Díaz" primera mujer de origen guaraní en Buenos Aires.

Por eso cuando hablamos - oré- (nuestro) guaraní, el no- reconocimiento de estas pautas culturales restringen fuertemente nuestras libertades socio espaciales en Argentina. Fundamentalmente se nos acotan los derechos civiles y políticos, como consecuencia directa de la indocumentación impuesta en Argentina a la mayoría de nosotras, paraguayas, bolivianas y peruanas.

En ese sentido, los años de lucha por los derechos de la mujer me han probado desde la práctica la conveniencia de la organización en redes. En el 2001, después del Seminario de Mujeres Migrantes, realizado por la Dirección General de la Mujer, el INADI y el Fondo de Naciones Unidas para la Mujer -esta última un importante apoyo para participar en la Conferencia Mundial contra el Racismo, en Durban, hemos profundizado la militancia contra la discriminación .

Por esto es más fácil nuestro trabajo contra las prácticas discriminatorias que veo potenciadas por este importante espacio que me brinda nuevamente UNIFEM, en el Foro Social Mundial. Me gustaría señalar, que del total de la población paraguaya sólo un 48 % habita en sectores urbanos, para el resto de América del Sur el promedio gira cerca del 80 %. Una tercera parte de las paraguayas y paraguayos que vivimos en Argentina tiene problemas con la documentación. Estamos hablando de una cantidad de mujeres y varones con sus derechos civiles seriamente restringidos, cuando no negados, se nos cataloga como "indocumentados e ilegales", a pesar de poseer documentación del país de origen. La negación social y política se potencia aún más, si consideramos que el art. 120 de la Constitución paraguaya no nos permite votar por vivir fuera de Paraguay.

Hasta el año 1989, no votábamos por causa de la dictadura, hoy no lo hacemos por la constitución y las leyes. Si tengo que caracterizarnos de alguna manera, debo decir que somos una población oscurecida y silenciada. Por ser migrante, mujer campesina y pobre.

El mercado internacional también ha contribuido al oscurecimiento; desde los noventa, el paso desde el Estado de Bienestar al llamado Estado Mínimo, reseteado por los gerentes globalizadores, modifica el componente fundamental de las economías de nuestros países. El sector dinámico pasa de la industria a los servicios; nuestra respuesta como migrantes feminizó los flujos, para ocupar los puestos de trabajo en el servicio doméstico y la venta ambulante. A pesar de poseer un nivel educacional mayor del requerido para el puesto, las compañeras peruanas, hacen frente a extenuantes y abusivas jornadas de trabajo y su educación no les es reconocida desde la Administración Pública argentina.

Nosotras, las paraguayas y bolivianas llegamos de sectores campesinos. Nos diferencia la inserción laboral, como las bolivianas son productoras agrícolas, los varones las pueden acompañar. Al contrario, las paraguayas y peruanas somos el componente fundamental que sella el carácter femenino de los flujos porque nos insertamos en el servicio doméstico. Como se sabe las condiciones de trabajo en este sector se caracterizan por el aislamiento social y el encapsulamiento al que somos sometidas las mujeres.

La clase media argentina tradicional, empleadora de las mujeres migrantes integra las filas del desempleo estructural o como vimos regresa a tierras de sus abuelos europeos. Específicamente la modalidad "cama adentro" del lugar de trabajo pasa a lo que caracterizo como "cama caliente" de las pensiones y hoteles, la clase media argentina ya no puede afrontar los costos que insume alojar a las mujeres migrantes en la habitación de servicio.

Las mujeres ganan las calles y explican con sus cuerpos los niveles de visibilidad. La modalidad por hora, que reemplaza a la de cama adentro, hace que las mujeres nos veamos más, y en tiempos de crisis, como los actuales, la venta ambulante, es una forma de hacernos ver. En los distintos espacios, las estaciones de trenes y de colectivos, encuentran a muchas mujeres con los canastos de chipas, nuestro pan paraguayo-ofreciéndolo a todo el que pasa.

Desde los años 90 se le agrega una aceleración de los movimientos de personas y establecimientos por corto tiempo que dan cierta apariencia de flotabilidad. La consecuencia directa es que nuestros flujos migratorios campesinos, integran una masa sumamente crítica para las instituciones políticas de Argentina y Paraguay.

Porque como se sabe los sectores dinámicos de la economía argentina se encuentran establecidos en la zona del Río de la Plata y es el lugar en que se establece el 65% de las migraciones paraguayas, de una relevancia importantísima si consideramos que la gran mayoría son trabajadores activos.

 

Mi posición sobre el sentido de la historia es que en Latinoamérica no luchamos solamente por los medios de producción y por el excedente económico. Si me permiten, aquí en el Sur del Sur luchamos también por recuperar nuestros cuerpos que ELLOS nos arrebatan día a día.

En el inminente pasado el terrorismo de Estado practicó la desaparición masiva de personas y en el pasado perfecto de nuestro presente, la presión de una tecla desde la consola de sonido de los centros internacionales de poder impone silencio y desaparecen pueblos enteros del escenario de los márgenes globales en segundos y en tiempo real, mediante la ilegalización documentaria de la visa imposible. Entonces, ¿cómo recuperar el sentido de las voces, silencios, apariciones y desapariciones de las mujeres paraguayas, bolivianas y peruanas en Argentina? ¿cómo decir que las migraciones no son solo económicas sino que también se inscriben en una tradicional práctica de la cultura guarani. Me parece pertinente articular un canal que lo haga desde la experiencia corporal y desde la historicidad del movimiento de los cuerpos integrando los aspectos emocionales de la realidad socio - histórica.

La ciudad de Buenos Aires rodeada por barrios de sectores bajos, antes industriales, desborda de personas simplemente esperando limosna, o vendiendo alimentos o vestimenta. Las de origen boliviano esperan sentadas con sus vegetales de huerta fuera del perímetro de los grandes supermercados de cadenas internacionales.

Pero detrás de la actitud de espera que compone el incremento de visibilidad social de las migrantes, subyace lo que yo llamo "lógica de la aparición" y que deseo recuperar para el diseño de una forma alternativa de ciudadanía. Por eso la organización en red, que es también construir ñanderoga (nuestra casa); donde se puede esperar al otro para que aparezcan materiales culturales, económicos - políticos y sociales que les permitan alcanzar un estado de "desahogo" existencial.

Este ñanduti (tela de araña) - que tejeremos con la familia, vecinas, amigas y compañer@s de trabajo, las casas y centros fuera de las redes informáticas, nos permitirán tener más fuerza y trabajar oñondivepá (todas juntas).

Estos ñanduti, constituyen mi trabajo. Soy migrante paraguaya y esa es mi propuesta para el tendido de redes: para cada cual según su necesidad y de cada cual según su posibilidad.

                                                                                                                                       
Frontera anchas y ajenas  Fue el nombre del taller co-organizado por la Articulación Feminista MARCOSUR, UNIFEM y REPEM/DAWN, con el objetivo de debatir sobre las diferentes causas de la migración femenina y las estrategias que las mujeres migrantes organiadas como tales, están implementando.