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Sucio, peligroso, difícil
May-an
Villalba
Fue un conjunto de
incidentes curiosos los que llevaron a nuestras mujeres a emigrar por
trabajo. En primer lugar, a mediados de los 80, cerró
el ingenio azucarero de Passi, Iloilo,
dejando sin trabajo a los cañeros
y demás
trabajadores. Esto sucedió cuando el gobierno de Filipinas comenzó a
promover la liberalización
de las importaciones de azúcar (a veces hasta el
contrabando) y de sus sustitutos en la fiebre por entrar a la
Organización Mundial del Comercio.
El espectáculo del
ingenio de azúcar cerrado
era inverosímil; el azúcar
había sido el cultivo
principal de los Visayas Occidentales
durante casi cuatro siglos. Su cierre
trajo el colapso de los negocios que habían surgido de la
comercialización del azúcar: restoranes, barberías, cines, tiendas y
hasta escuelas debieron cerrar. Como resultado de la pobreza
creciente los niños dejaron de ir a las escuelas ... los hombres
emigraron a ciudades grandes y aparecieron agencias de empleo en los
lugares más remotos de Passi, reclutando a las mujeres para ir a
trabajar al Japón como artistas. Casi en una noche, la cara de Passi
cambió.
Cientos
de mujeres jóvenes, afectadas por el colapso del azúcar, fueron a Japón
a ganar plata, dejando, de esta manera a los hombres relegados a las
tareas del hogar, un rol bien nuevo en esta sociedad muy tradicional.
Hubo dos desarrollos
internacionales significativos que
llevaron al crecimiento del trabajo migratorio en Asia y en la
región del Pacífico en estas últimas
tres décadas.
Uno fue
el “boom” del petróleo a mediados de los 70; el otro,
la aparición del llamado “dragón”, o las recientemente
industrializadas economías del nordeste y sudeste de Asia.
En un principio el
crecimiento en esos estados fue aceitado
por la re-colocación de inversiones de Japón motivado por las estructuras demográficas y laborales cambiantes en ese
país. La mano de obra japonesa estaba envejeciendo y era muy costosa en
1980; las medianas y
grandes industrias se vieron forzadas a
trasladarse a Corea del Sur, Taiwán, y hasta en algunos casos, a
Hong Kong y Singapur donde la mano de obra era comparativamente más
barata.
Inicialmente la
reducción de empleos fue suplida movilizando la mano de obra local,
incluyendo a las amas de casa, los viejos y las personas con capacidades
diferentes. Pero para sostener el crecimiento y mantener la
competitividad en le mercado mundial,
se tuvo que importar mano de obra extranjera para las pequeñas y
medianas empresas que no podían trasladarse a otros países. Vinieron extranjeros para
trabajar en sectores como la construcción, la agricultura, la
pesca, el servicio doméstico y los espectáculos.
Los factores que
contribuyeron a la feminización del mercado de trabajo fueron:
a)
Cambios en la estructura del trabajo
La
preferencia de los trabajadores japoneses
y de los llamados “tigres asiáticos”
hacia trabajos de cuello blanco provocó su ausencia
en la construcción y en las fábricas.
Esto llevó
eventualmente a la
importación de mano de obra extranjera. Las mujeres migrantes eran
claramente preferidas para industrias
como la electrónica o la de la vestimenta donde se requería una
mano de obra meticulosa y paciente. En Japón la política
oficial no permitía la entrada de mano de obra extranjera pero a través
de hábiles manipulaciones, los trabajadores lo pudieron hacer como
turistas, estudiantes o artistas. Y
esa gente llenó las vacantes de la construcción,
de la limpieza, en casas de masajes y en lugares nocturnos de
espectáculos; en tres años, de 1990 a 1993, crecieron de 106 mil a 297
mil los y las trabajadores extranjeros que empezaron a
trabajar en lo que se llamó, el trabajo de las 3D en inglés.
(Durty, difficult and dangerous:
sucio, difícil y peligroso). En 1995 Japón declaró tener
1.6 millón de esta mano de obra, un porcentaje por demás alto.
Muchos/as trabajadores/as con
buenos y calificados niveles de educación como nurses y/o profesores aceptaron trabajos de empleados/as
domésticos en Hong Kong porque los salarios que se pagaban
eran tres veces más altos
que los que podían cobrar en sus
propios países como profesionales.
b)
Expansión de los trabajos específicos para mujeres
La
cultura patriarcal asiática ofrece una sólida base para que florezcan
este tipo de trabajos específicos de género. Pero cuando la estructura
de la sociedad empezó a cambiar debido al desarrollo se contrató a la
mayor cantidad de mujeres para entrar en la fuerza de trabajo;
esto creó una
carencia en el trabajo doméstico y en enfermería. Para suplir estas
ausencias importaron mano de obra extranjera; llegaron
mujeres de Bengladesh, Sri Lanka, Filipinas, India, Indonesia
para la industria del entretenimiento que, a menudo, era un eufemismo de
prostitución. Los japoneses consideran que es un derecho de los hombres
que trabajan mucho ser entretenidos “al máximo”, y como cada vez
menos japonesas estaban dispuestas a brindar estos servicios, fue
necesario importar mujeres
de otros países asiáticos.
Pobreza y desempleo
La pobreza en Asia
tiene cara de mujer migrante. En el 2001, el 73% de los migrantes
filipinos eran mujeres; el 70% lo eran en
Indonesia, y el 25% en Tailandia. Esto tuvo como consecuencia una
subida de la tasa de participación femenina en ambos países- del que
la recibe y del que sale. Muchos países asiáticos dejaron de tener fábricas
para pasar a ser países de servicio.
Por otra parte la
mayoría de las migrantes se convirtieron en el sostén de sus familias,
proporcionándoles la vestimenta, la alimentación, la educación y la
salud. Esto les ha dado un cierto estatus - tanto dentro de
sus familias como en
la comunidad - lo que ha mejorado su autoestima y también su imagen
frente a los hombres de sus pueblos, que, aunque a regañadientes, no
tienen más remedio que expresarlo. También han tenido nuevas
experiencias de vida, han adquirido otros conocimientos, están más
dispuestas a aprender nuevos trabajos, en fin, estos son algunos de los
beneficios que derivan del trabajo migrante.
Pero a pesar de que a
las mujeres migrantes se les reconoce su aporte a la sociedad, también
se señala su estatus de opresión. Una opresión que adquiere una nueva
cara; las trabajadoras extranjeras son más vulnerables al abuso que las
locales, pueden ser repatriadas en cualquier momento y echadas del
trabajo fácilmente; por esto es que justamente son preferidas a las
locales, junto a que tampoco tienen acceso a los servicios y beneficios
sociales de los y las ciudadanos/as legales, como ser,
iguales salarios, pago por despido, derecho a la agremiación y a
la salud, etc.
Los trabajos de las
migrantes son también a más corto término, a veces se les da visa
solo por seis meses, siendo el máximo dos años, al cabo del cual se
les pide que vuelvan a sus países, para luego hacerles un nuevo
contrato en peores condiciones. Sin hablar de lo que puede pasarles a
trabajadoras en países con problemas de guerras o culturales; cientos
de ellas fueron devueltas a sus países de origen desde el Cercano
Oriente como resultado del 11 de setiembre, por la baja de turismo en
hoteles, restoranes, etc.
Trabajos sucios, peligrosos y difíciles
A medida que la
sociedad crecía y se crearon nuevos trabajos, se produjo una
jerarquización laboral, correspondiendo los más bajos a las migrantes
y los mejores a las trabajadoras locales, por lo que “las tres D”
les correspondieron a las migrantes; trabajos culturalmente repulsivos,
como enterrar animales muertos, de riesgo, o considerados degradantes
como la prostitución o el servicio doméstico, o ser forzadas a
trabajar horas extra. Un informe de una ONG japonesa mostró el alto índice
de problemas de salud como enfermedades transmitidas sexualmente,
HIV/SIDA, entre las artistas
o como accidentes de trabajo en pequeñas industrias con tecnologías
pobres. Por ejemplo se comprobó que después de trabajar tres años en
fábricas de material electrónico en Taiwán, muchas mujeres tuvieron
problemas en la vista; éstas ya no serán contratadas, así como
quienes hayan cumplido los 35 años.
Discriminación y racismo
Estas actitudes
proceden de una cultura que sostiene
que la raza, el
lenguaje, la religión o algún otro factor étnico, son la base de la
superioridad sobre otras culturas; a veces se trata de la superioridad
de la raza blanca, en otros casos de la creencia en una verdad
religiosa, o de una mirada de la historia y de la tradición; algunas
culturas sólo tienen términos despectivos para los “extranjeros”.
La mayoría de los
trabajadores migrantes sufren alguna de estas formas de racismo. La
gente del país que recibe a los y las migrantes considera, por lo
general, que deben sentirse
felices por hacer los trabajos que tienen, y que, por lo tanto, deben
estar eternamente agradecidos.
En Asia, la recesión
económica causada por la
tragedia del 11 de setiembre hizo que los y las trabajadores
extranjeros fueran el blanco de hostigamiento por parte de la población
local, aunque no hubieran tenido nada que ver con los hechos.
Siendo los migrantes
el sector más vulnerable de la sociedad son fácilmente objeto de
comentarios agresivos en reuniones
privadas y hasta en expresiones
de representantes
del gobierno del país anfitrión.
Las separaciones
familiares largas son otro de los problemas que deben enfrentar. Por la
naturaleza misma del trabajo, de corta duración y mal pagado, los y las
trabajadores migrantes no pueden traer a sus familias consigo; esto
redunda en matrimonios deshechos o en
niños y niñas que crecen sin uno de los progenitores.
Este problema se
agrava en el caso de las mujeres a causa de la cultura de muchos países
asiáticos donde el papel de la mujer es brindarle al esposo todo lo que
requiera. A menudo la ausencia de la mujer, justifica las relaciones
extra maritales del marido, mientras se espera que ella se mantenga
casta y fiel.
A todos los problemas
estructurales mencionados más arriba se agrega la mayor
vulnerabilidad basada en el género; las mujeres migrantes son víctimas
del temor de que la relación con hombres locales lleve a un posible
matrimonio y, por ende, a la residencia permanente de la migrante.
En Singapur, Taiwán
y Malasia el resultado positivo de un test de embarazo al que se las
obliga, termina sin
miramientos en la deportación de la embarazada. Las empleadas domésticas
viven en la casa de sus empleadores, lo que las hace más propensas al
acoso sexual, ya que habitualmente deben dormir en el living, la cocina,
o hasta arriba de una heladera, en lugares sin ninguna privacidad.
Hacia un régimen migratorio más justo y más
humano
Muchas migrantes han
trasmitido su preocupación por la situación imperante y lo han hecho a
través de sus gobiernos o de organizaciones sociales. En algunos países
esto ha sido reconocido y
se han tomado algunas medidas.
Por ejemplo en
Filipinas el “Republic Act 8042” (más conocida como la Carta Magna
de los Trabajadores Migrantes) fue firmada en 1995 en el Congreso de ese
país y define los derechos de los y las trabajadores migrantes,
protegiendo sus intereses en su propio país y en el extranjero. Aunque
esa ley es considerada como un mojón, tiene grandes carencias como el
silencio o la evasión sobre cómo pueden ser protegidos los y las
filipinos/as en países que no cuentan con
oficinas consulares filipinas; y
estas existen en apenas el 30% de los 137 países donde hay
migrantes filipinos.
El método más
eficaz para la protección de los derechos de los y las migrantes son,
sin lugar a dudas, los
acuerdos bilaterales entre gobiernos, pero éstos son pocos.
A nivel internacional
existen varias convenciones
de la OIT, que obligan a los países que las ratificaron. Los
instrumentos normativos fueron
establecidos en la convención 97 adoptada en 1949
y fueron ratificados por 39 países, excluyendo a Corea del Sur,
Estados Unidos, Japón, Singapur y Filipinas entre otros. La Convención
143 relativa a las condiciones abusivas de trabajo, sólo fue ratificada
por 16 países.
Naciones Unidas aprobó
la Convención Internacional para la Protección de los Derechos
de Todos los y las Trabajadores Migrantes y sus Familias en 1990,
ratificada por 19 estados.
Sabiendo que la mera
existencia de leyes no garantiza su aplicación, especialmente en el
caso de gente tan marginada como los y las trabajadores migrantes, son
necesarias redes de información e intercambio de investigación
estratégica; eso plantea la necesidad de asociaciones
que intercambien sus experiencias, de un fuerte lobby que acelere
la implementación de las leyes, así como de investigaciones
independientes sobre las consecuencias macro y micro del trabajo
migrante.
La causa principal
de la migración globalizada es la disparidad entre los estándares
de vida de los países
ricos de Occidente y los países en vías de desarrollo. La primera
solución a largo plazo debe ser tomada, obviamente, a través del
proceso de ecualización de la economía global
y, mientras tanto esto no ocurra, los países de donde provienen
los y las migrantes deberán
tomar parte activa en la protección de sus derechos.
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Unlad-Kabayan
Migrant Services Foundation, Inc Quezon City,
Filipinas
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Frontera anchas y ajenas Fue el
nombre del taller co-organizado por la Articulación Feminista MARCOSUR,
UNIFEM y REPEM/DAWN, con el objetivo de debatir sobre las diferentes
causas de la migración
femenina y las estrategias que las mujeres migrantes organiadas como
tales, están implementando
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