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Feministas
en el Foro
Lilián
Celiberti - Virginia Vargas
La experiencia desde el primer Foro Social, mostró sus
potencialidades para colocar en debate los principales desafíos del mundo,
e impulsó un proceso que contribuyó a enriquecer las articulaciones y
habilitar la formulación de propuestas. Como espacio en construcción, el
FSM está sujeto "a interpretaciones y presiones acerca de su sentido y
su futuro. Es un espacio de debate de ideas, propositivo y al mismo tiempo
de movilización, acción y lucha. Es un espacio contestatario, que
manifiesta inconformismo. Allí se juntan los organizados, pero también es
un espacio aglutinador de quienes quieren ser parte de este proceso, sin
identidad de organización o filiación ideológica o partidaria. El FSM es
un espacio democrático, aglutinador de fuerzas progresistas colectivas e
individuales", como dice Sergio Hadad.
"Porque es un espacio donde confluyen las protestas
con las esperanzas, y el desasosiego con la construcción de alternativas.
Donde están los del Movimiento Sin Tierra y los que viven sin techo y sin
ventana, los movimientos indígenas y afro descendientes junto a los
jóvenes y los economistas, los transexuales y las feministas. Los que dan
masajes holísticos con los académicos. Los que luchan contra los productos
transgénicos y los que son transgénero. Hindúes, musulmanes, judíos,
católicos junto a los sindicalistas y la gente que promueve el Esperanto
como lenguaje universal". (L. Garrido, 2002)
Esta diversidad demostrará, desde el primer momento, que
sus alcances no son fáciles de sintetizar y aún más importante: que
cualquier pretensión de hacerlo conlleva el riesgo de empobrecimiento y
frena su propio desarrollo. El debate público organizado entre "el Foro
de Davos y el Foro Social Mundial" expresó de alguna manera estas
dificultades.
Para avanzar en la idea de proceso de confluencia, el
Comité Organizador propone la creación de un Comité Internacional que
"mundialice el Foro" y las bases para una Carta de Principios que establezca
pautas y fronteras del espacio a construir. La "Carta de Principios"
definida en el Comité Internacional del FSM, establece el marco de
pluralidad, diversidad y reconocimiento como eje para multiplicar y
ampliar el espacio del FSM. Al considerar que el FSM no es solo un evento
sino principalmente un proceso cuyo logro fundamental es, justamente, ser
percibido como proceso colectivo de redes, coaliciones, campañas, alianzas
y movimientos, coloca en el campo social la esperanza de construir nuevas
culturas políticas. Sin carácter decisorio, sin mayorías o minorías, se
comienza a consolidar un espacio diverso, plural, no gubernamental, no
confesional, descentralizado, movimientista y sin ninguna pretensión de
representar todas las iniciativas impulsadas por una sociedad civil global
en formación. "Nadie estará autorizado a expresar, en cualquiera de sus
encuentros, posiciones que pretendan ser representativas de todos sus
participantes. (...) El Foro por lo tanto, no se constituye en una
instancia de poder, a ser disputado por los participantes de sus
reuniones, ni pretende constituirse en única alternativa de articulación o
acción de las entidades y movimientos que en él participan". La
declaración de principios establece también una frontera para la
participación: "no deben participar del Foro representaciones
partidarias, ni organizaciones militares".
Estos principios constituyen un marco fundamental para el
desarrollo del debate político. Sin embargo, en la misma medida que el
Foro crece como espacio simbólico, la tentación de "capitalizar" -en el
sentido más tradicional del término- un tan vasto movimiento se expresa
principalmente en debates que adquieren una formulación organizativa, pero
son en realidad el gran debate político del momento actual.
Impacto de la globalización en los "sujetos Feministas"
(Los marcos denotan ...) esquemas de interpretación
que permiten a los individuos ubicar, percibir, identificar y rotular los
acontecimientos en su vida cotidiana y en el mundo más amplio. Son los
marcos los que dan significado a eventos y acontecimientos, le dan sentido
al mundo, organizan la experiencia y guían la acción individual y
colectiva. Los marcos son las metáforas, representaciones simbólicas y
claves cognitivas que modelan los comportamientos y ayudan a evaluar los
acontecimientos. .... Es claro que los marcos no son permanentes o
estables. Tampoco son consensuados o únicos" (Jelin, p. 7).
En este nuevo contexto, los movimientos se enfrentan a
tendencias ambivalentes. La globalización impulsa tendencias
homogeneizadoras, reestructurando las sociedades y las formas en la que
los individuos se relacionan con los cambios estructurales y subjetivos,
(Marchand y Sisson, 2001). Se producen fragmentaciones y rearticulaciones
en una nueva forma organizativa, lo que Castells ha llamado la "sociedad
de redes", con conexiones amplias y cosmopolitas. Este dominio de redes
tiene una "... multiplicidad abrumadora de combinaciones de
intercambios de bienes tangibles e intangibles...que fluyen a través de
una mirada de nodos y canales identificables que interconectan a los
grupos sociales a través de todo el mundo. Las interacciones en el
dominio
Se generan así nuevas conexiones, nuevos canales y
nodos, destruyendo los viejos y sufriendo en este proceso un sin fin de
mutaciones y evoluciones (Sagasti p. 21-22). |
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En este concierto de conexiones y entrecruzamientos, los
movimientos sociales ven modificada su existencia y se expresan en forma
diferente. No como actores unificados ni solamente como movimientos de
contenido plural. Se expresan más bien como un "campo de actores" amplio,
diverso y en permanente ampliación y transformación (Elizabeth Jelin,
2001). Otras autoras, como Sonia Álvarez, reconceptualizan los movimientos
sociales (en referencia a los feminismos) como un campo discursivo,
expansivo, heterogéneo, generando campos de acción policéntricos que se
extienden sobre un conjunto distintivo de organizaciones de la sociedad
civil (Álvarez, en Escobar, p. 6), construyendo públicos alternativos que
resignifican y confrontan los sentidos políticos culturales dominantes en
la sociedad.
En este campo heterogéneo, las formas de resistencia
varían. Se multiplican los sitios de intervención conectando y coordinando
la voluntad colectiva de miles a través de intercambios electrónicos. Las
identidades se vuelven "nómades" (Braidotti, en Eschle, 2001, p. 209),
porque se movilizan permanentemente evitando la fijación en una sola.
Salvo en los fundamentalismos, donde el miedo a la exclusión se expresa en
una búsqueda permanente de certezas (Melucci, 99), a través del
posicionamiento de una identidad como verdadera y excluyente.
Los feminismos llegan a este proceso global también en
forma diferente a la del pasado. Es decir, no desde una identidad única,
no desde una hipotética "hermandad feminista global", que
descontextualiza y despolitiza su presente, al aludir a una forma
compartida y hegemónica de ser mujer. Ni a una única forma de posicionarse
como feministas. Los marcos simbólicos y discursivos son mucho más amplios
y movibles. En esta realidad, donde la diversidad y heterogeneidad es la
que prima, quizás no sea tan importante un programa definido y consensuado
de transformaciones políticas, sociales y económicas, sino la
explicitación y combinación de las agendas desde colectivos diversos y de
múltiples autonomías. ¿Cuál sería entonces, la forma de unidad colectiva
que permite respetar y desplegar las diferencias? Las formas de
organización demasiado rígidas y pesadas no responden a la exigencia de
una individualidad de perfiles abiertos. Tal vez estén emergiendo nuevas
formas de lo colectivo, más flexibles, livianas y fugaces.
En esta perspectiva, es que podemos analizar los cambios
en las orientaciones y en las formas de organización de las luchas
feministas en lo global: si bien las formas de organización de los
feminismos como movimiento nunca fueron demasiado centralizadas ni
jerárquicas, esta tendencia comienza a acentuarse y a ser un rasgo común
de los movimientos sociales por una globalización alternativa, acentuando
mas la falta de estructura centralizada para dar paso a articulaciones e
iniciativas flexibles, que agrupan tramas de redes de múltiples dinámicas.
Muchas de estas dinámicas feministas en América Latina
comienzan a orientarse hacia esta nueva realidad. El Encuentro Feminista
Latinoamericano y del Caribe (el noveno, en un continuum desde 1981)
tendrá como eje la globalización. Ello es más que significativo, en la
medida que en este espacio de los encuentros los feminismos regionales
toman el pulso a sus diversidades, avances, expresan sus hallazgos,
búsquedas, nudos, y nuevas subjetividades, en suma, sus nuevos y múltiples
derroteros en reflexión y acción. A su vez, redes globales como DAWN y
AWID, Mujeres viviendo bajo leyes Musulmanas, vienen incidiendo desde hace
un tiempo en esta nueva realidad, en articulación también con esta
dimensión global que es la región latino-caribeña. De todas estas nuevas
dinámicas y espacios, nos interesa analizar la incidencia feminista en el
Foro Social Mundial, espacio plural y con propuestas hacia una
globalización alternativa, donde confluyen muchas de las nuevas
estrategias y preocupaciones de los movimientos sociales globalizados,
como el feminismo. Es también un complicado sitio de alianzas con otros
movimientos, cuya orientación hacia los feminismos no siempre es de
reconocimiento.
Los Feminismos en el Foro Social Mundial
"Otro mundo es posible, es el lema del Foro
Social Mundial. Mirando desde una perspectiva femenina la tarea es
bastante más gigantesca de lo que parece. Sin duda, estamos incomodando al
pensamiento único dominante. ¿Pero estamos incomodándonos, nosotros
mismos, con nuestro machismo, racismo y otras intolerancias? La
especificidad del Foro Social Mundial es establecer el diálogo entre los
diversos. Esto da originalidad y fuerza al Foro en la construcción de una
globalización de las ciudadanías en el Planeta Tierra. Pero el camino es
largo y lleno de obstáculos. Espero que las mujeres nos hagan ser
radicales, actuando como hasta ahora: haciendo cobranzas e incomodando"
(Cándido Grzybowsky, 2002).
Las presencia de los feminismos en el FSM es un aporte y
un desafío. Los cambios en las subjetividades han impactado también a los
feminismos y sus agendas de transformación, reincorporando a ellos las
"agendas olvidadas" o debilitadas en la larga marcha hacia el
fortalecimiento institucional. Una agenda que busca integrar la justicia
de género con la justicia económica, recuperando al mismo tiempo la
subversión cultural y la subjetividad como estrategia de transformación de
más largo aliento. A esta lucha por la justicia, los feminismos comienzan
a incorporar la diversidad no solo en la vida de las mujeres sino en su
estrecha relación con las características multiculturales y pluriétnicas
de nuestras sociedades. Sin abandonar las luchas históricas por la autonomía, física, socioeconómica, política y cultural.
Estas luchas expresan dos tipos de injusticia: la injusticia
socioeconómica, arraigada en las estructuras políticas y económicas de la
sociedad y la injusticia cultural, o simbólica, arraigada en los patrones
sociales de representación, interpretación y comunicación. Ambas
injusticias cruzan a las mujeres y a muchas otras dimensiones raciales,
étnicas, sexuales, geográficas... Expresadas en la desigual distribución
de recursos y en la ausencia de valoración, se concretan en las luchas por
redistribución y por reconocimiento. Y aunque no han sido luchas que han
estado siempre conectadas, ambas lo están intrínsecamente, "... porque
las normas androcéntricas y sexistas se institucionalizan en el Estado y
la economía, y las desventajas económicas de las mujeres restringen su
`voz' impidiendo su igual participación en la creación cultural"
(Fraser, 1997, pp.33). |
¿Cuál sería la forma de unidad
colectiva que permita respetar y desplegar las diferencias? Las formas de
organización demasiado rígidas y pesadas no responden a la exigencia de
una individualidad de perfiles abiertos. Tal vez estén emergiendo nuevas
formas de lo colectivo, más flexibles, livianas y fugaces. |
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Los feminismos llevan también al FSM lo que ha sido una
práctica intrínseca a su existencia y su desarrollo: sus articulaciones
internacionalistas, acumuladas a lo largo de 30 años de existencia en su
segunda oleada. Como dice Waterman, no hay duda del aporte de las
pensadoras feministas de los 70 y los 80 al movimiento de justicia global,
tanto por su experiencia internacionalista como porque "... mucho de
esa reflexión sobre el nuevo momento ... y comportamiento ... puede ser
rastreado desde las prácticas feministas internacionales previas"
(Waterman, 2002, p. 5).
Pero las condiciones para ese internacionalismo han
variado dramáticamente. Las luchas por el reconocimiento fueron el eje
articulador de este internacionalismo en las décadas pasadas. No podía ser
de otra manera porque los feminismos debían salir de la invisibilidad y
expresar su presencia y propuesta. Esa dimensión no se puede perder. Sin
embargo los marcos interpretativos para la acción son otros y las
oportunidades y riesgos también. Los actores preexistentes y los nuevos
que van surgiendo tienen como reto posicionarse propositiva y
articuladamente frente a esta nueva realidad, que no deja escoger: para
consolidar el reconocimiento se requiere de la redistribución; y para que
esta sea justa e inclusiva, se requiere reconocimiento. Como dice Jelin,
quien no considere esta nueva realidad "quedará rezagado y perderá el
tren de la historia".
En este intento de no quedar fuera de la historia, han
surgido un sinnúmero de articulaciones e iniciativas alrededor de los
nuevos retos que trae la justicia económica y las políticas de
reconocimiento, dando cuenta también de las nuevas dinámicas y formas de
existencia de los feminismos. Por ejemplo, se está desarrollando una rica
reflexión sobre las dinámicas macro-económicas y macro-políticas y sobre el proceso mismo de
globalización, en base a las mismas intervenciones feministas en esos
ámbitos y en la interacción de lo global con lo local. Hay nuevas formas
de articulación, más flexibles y horizontales (Iniciativa Feminista
Cartagena y Articulación Feminista MARCOSUR, por nombrar dos de
las mas recientes, que a su vez agrupan un conjunto de activas redes y
organizaciones), con mayor capacidad de reflexión y de propuesta y que
comienzan a producir análisis más finos sobre los impactos de género de
estos procesos y mega tendencias que trae la globalización. Hay también
otras formas de articulación feminista globales e inclusivas como la
Marcha Mundial de Mujeres con las cuales existe una interacción permanente
de las demás redes y una activa militancia de muchas latinoamericanas en
ella. Además de los aportes de algunas redes históricas, como DAWN, a esta
nueva realidad. En todas estas articulaciones hay un conjunto
significativo de feministas jóvenes, diversificando liderazgos
individuales y colectivos. Estas nuevas articulaciones, presentes en el
FSM, tuvieron un fuerte impacto y lograron colocar las perspectivas
feministas en las agendas centrales del Foro, con presencia feminista en
los debates más importantes (DAWN, 2002).
Sin embargo, junto con este aporte sustancial, viene el
desafío que para los feminismos representa este espacio, que al mismo
tiempo que flexibiliza, arrastra viejas exclusiones. Construido desde
nuevas miradas y sensibilidades, el FSM expresa también los ejes de
discriminación y exclusión con relación a las mujeres. El FSM representa
una articulación dialéctica entre el movimiento de justicia global y el
movimiento feminista en particular (Waterman 2002). Esta articulación no
es fácil, como dice Sonia Correa, porque implica una doble estrategia:
comprometerse con las luchas colectivas de los movimientos sociales y al
mismo tiempo intentar transformar su perspectiva en relación al feminismo,
a la diferencia, al género, a los pensamientos múltiples (Correa, 2001).
Existen por tanto en el Foro procesos de articulación y procesos de
disputa. Y ello ha sido claro entre el primer y segundo Foro: la presencia
y visibilidad de los feminismos en el II Foro, aunque no suficiente, fue
mucho más visible e impactante que en el primer Foro, gracias a la
tenacidad de la disputa planeada por los feminismos, así como a la labor
incansable de los feminismos brasileños.
La integración de la Articulación Feminista Marcosur al
Comité Internacional del FSM introduce también una dinámica más concreta
de debate, tanto en lo que se refiere al debate político específico como a
la dedicación de esfuerzos en la línea de construcción del espacio.
"Como Articulación Feminista MARCOSUR privilegiamos el FSM porque es un
espacio político en por lo menos tres sentidos que nos son fundamentales:
uno de ellos es que queremos que la agenda feminista (la subversión
simbólico-cultural, los derechos sexuales, la equidad…) forme realmente
parte de la agenda por la justicia económica y la profundización de la
democracia; otro, es que para lograrlo debemos dar la batalla al interior
mismo del Foro disputando contenidos y siendo subversivas también en él; y
por último, porque el Foro es amplificador de nuestros propios discursos
como lo probamos con la campaña Tu boca, fundamental contra los
fundamentalismos que en Porto Alegre fue acompañada activamente por
otros movimientos y redes de mujeres, por jóvenes, por sindicalistas, etc.
Y criticada también por los que decían que le estábamos haciendo el juego
a Bush, que las bocas eran muy eróticas y por lo tanto estábamos usando un
símbolo demasiado "light", o que materiales de esa calidad debían estar
financiándolos la CIA" (L. Garrido, 2002).
El Comité Internacional también es un escenario de la
disputa de "interpretaciones y presiones acerca de su sentido y su
futuro" como señalaba Sergio Haddad. Para algunos actores, el Foro
Social Mundial es un espacio de confluencia de la lucha antiglobalización
donde concertar una agenda de movilizaciones globales; para otros es un espacio plural donde es posible compartir y
articular alternativas democráticas y democratizadoras. Las feministas
¿estamos allí para participar en este debate? ¿Tenemos algo específico que
aportar? En algunas de las discusiones organizativas y políticas nos hemos
expresado contrarias a cualquier iniciativa tendiente a crear una
coalición internacional que actúe en nombre de un amplio y genérico
movimiento global, algo así como una "Internacional de nuevo signo".
Detrás de esta posición hay una acumulación de
experiencia política feminista y una postura teórica que atribuye a un
espacio de esta naturaleza la oportunidad para el desarrollo de nuevas
culturas políticas que solo podrán construirse en diálogos entre los
diferentes movimientos. Como dice Cándido Grzybowski "Estamos frente a
la necesidad de radicalizar la perspectiva de los derechos humanos de
todos los humanos como prioridad fundamental para dar cuenta de una nueva
conciencia de la humanidad. Romper el divorcio entre economía y sociedad,
entre economía y naturaleza, entre naturaleza y sociedad son tareas
centrales para la construcción de una agenda global promotora de una
ciudadanía planetaria. (...) La especificidad del Foro Social Mundial
reside exactamente en la capacidad de construir el espacio de encuentro,
diálogo e intercambio entre redes, movimientos, basado en el respeto y
fortalecimiento de su propia diversidad y autonomía".
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Ese desafío incluye también al
movimiento feminista, desperdigado en miles de redes y espacios
diferentes, con dificultades para reconocerse a sí mismo como le sucede a
todos los movimientos sociales y que necesita también visibilizarse y
reconocerse...
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Ese desafío incluye también al movimiento feminista,
desperdigado en mil redes y espacios diferentes, con dificultades para
reconocerse a sí mismo como le sucede a todos los movimientos sociales y
que necesita también visibilizarse y reconocerse. En algunos de los
talleres donde se abordaron los nuevos retos feministas, se señalaron las
dificultades y problemas que aún persisten en los espacios de articulación
entre diferentes movimientos. "Las feministas siempre han tratado de
influir en la agenda de los movimientos sociales y políticos progresistas
para cambiar la perspectiva de estos movimientos. Sin embargo sabemos que
queda un largo camino por recorrer para que la inclusión de la perspectiva
feminista sea una realidad". "No queremos que el FSM se convierta en un
asunto dominado por los hombres: se necesita liderazgo feminista y la
construcción de alianzas. Ana Irma Rivera en el mismo taller señala
que "Las mujeres, en términos generales, no somos voces presentes en
los temas económicos ni de finanzas. Entiendo que estos temas se
identifican como masculinos, no sólo en términos de las voces sino también
de los contenidos. Es decir que el problema de las ausencias femeninas no
se resolverá sólo con la llegada de más mujeres a la discusión de los
temas económicos y de finanzas sino que también es necesario que estos
temas sean vistos con perspectiva de género".
Para Sylvia Borren el tema central se ubica en la
necesidad de pensar alternativas globales y potenciar liderazgos
feministas. "Creo que ha llegado el momento de que muchas de nosotras
(más de las que actualmente lo hacemos) tomemos una seria responsabilidad
en dar forma a nuestro mundo en los niveles micro, medio y macro. En otras
palabras, de dar un paso más en el feminismo, el movimiento feminista y el
liderazgo feminista; de preocuparnos no sólo por la forma de vida de las
mujeres sino también de la calidad de las vidas de los hombres, mujeres y
niños/as en un sentido más general; de preocuparnos por encontrar
soluciones a las tensiones y conflictos en el mundo; de asumir el
liderazgo en organizaciones, de buscar formas de hacer que nuestras vidas
y nuestro mundo sean más inclusivas y diversas".
Un espacio global de los movimientos sociales: desafíos
y tensiones
Para cada persona que participó en el Foro, la
creatividad, el respeto y la diversidad constituyen el patrimonio más
destacado de la experiencia subjetiva vivida durante esos cinco días, en
esa especie de torre de Babel de lenguas, colores, imágenes, gestos y
símbolos. Por detrás de estas múltiples experiencias, se abre un debate
sustantivo acerca de las estrategias y objetivos del propio Foro.
En el Foro Social Mundial, no existe una estructura
centralizada. "Por el contrario, Porto Alegre es una muy flexible
coalición de movimientos trasnacionales, nacionales y locales, con
múltiples prioridades unidas en su oposición al orden neoliberal. Y estos
movimientos en su mayoría, no están buscando el poder del Estado, y si lo
están buscando, lo hacen partiendo de que ésta es sólo una táctica entre
otras, pero no la más importante. Hemos dicho suficiente sobre las
fortalezas de Porto Alegre. Es momento de señalar sobre sus debilidades.
Sus fortalezas son sus debilidades. La falta de centralización puede hacer
difícil coordinar tácticas para las batallas más duras que quedan por
delante. Y tendremos que ver también qué tan grande es la tolerancia hacia
todos los intereses que se representan, la tolerancia hacia las
prioridades de unos y otros" (Wallerstein, 2002).
Construir la tolerancia y el respeto de los diferentes
intereses presentes en el FSM es una de las principales estrategias para
avanzar en la formulación de alternativas y es, tal vez, lo verdaderamente
nuevo que propone un espacio como el FSM. Ninguna centralización
organizativa y ninguna agenda de movilizaciones podrá acortar los caminos
que se deben transitar para poner en diálogo las diversas prioridades de
los movimientos. Las fortalezas y debilidades que se expresan en esta
iniciativa y las diferencias explícitas e implícitas que expresan las
diferentes corrientes de pensamiento son parte del debate de fondo que el
Foro como espacio de confluencia propone.
Desde nuestro punto de vista, el problema central de la
articulación de los movimientos sociales no es organizativo, sino político
y conceptual, y el desafío, como plantea Boaventura de Souza Santos
"está en la capacidad de formular problemas nuevos para los cuales no
existe solución, o no existe aún solución" (2001,36).
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Construir la tolerancia y el respeto
de los diferentes intereses presentes en el FSM es una de las principales
estrategias para avanzar en la formulación de alternativas y es, tal vez,
lo verdaderamente nuevo que propone un espacio como el FSM. |
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Pensar "otro mundo posible"
Un desafío que tensiona los espacios de articulación es
en primer lugar, el reconocimiento de cada uno/a como actor/a legítimo/a
de esta búsqueda. Sería ilusorio pensar que este reconocimiento es un acto
inmediato y "natural" de nuestras "aspiraciones humanistas".
El reconocimiento del otro/otra como actor/a de la construcción de un
espacio democrático no está fuera de las relaciones jerárquicas de poder
construidas socialmente, ni de la tensión inherente a la definición del
"nosotros-otros".
La política, dice Chantal Mouffe "tiene que ver con la
acción pública y la formación de identidades colectivas. Su objetivo es la
creación de un `nosotros' en un contexto de diversidad y conflicto. Pero
para construir un nosotros hay que poder distinguirlo de un `ellos'. Por
eso la cuestión crucial de una política democrática no es cómo llegar a un
consenso sin exclusiones o cómo crear un `nosotros' que no tuviera un
`ellos' como correlato, sino cómo establecer esta discriminación
nosotros/ellos de una manera que sea compatible con la democracia
pluralista."
En este sentido "salvaguardar el derecho a la
palabra" y el de "la libertad de los individuos y de los grupos
para establecer el sentido de lo que son y de lo que quieren ser",
(Melucci, 2001.57) es el aporte sustancial de este esfuerzo por constituir
un escenario de actores/as que disputan el significado, las prioridades y
los fines de la vida en común.
En segundo lugar, un espacio de confluencia que habilite
la tolerancia y el desarrollo de nuevas culturas políticas depende también
de la oportunidad para colocar en debate los esquemas de interpretación y
significados que los diferentes actores/as otorgan a sus utopías y
propuestas.
El esquema de trabajo y la metodología de debate
propuesta para la segunda convocatoria del FSM pretendía avanzar en el
acercamiento de marcos referenciales entre los diferentes movimientos: una
red formularía una propuesta y sería ésta la materia de debate entre los
diferentes movimientos.
Los/las animador@s de los paneles debían promover
ese debate antes del Foro, para enriquecer las propuestas, detectar las
diferencias y carencias, rescatar otras miradas y enfoques. Esta
metodología tuvo, sin embargo, magros resultados, precisamente porque
generar una cultura del debate es una tarea de largo alcance, que comienza
por el reconocimiento de los/las otros/otras como legítimos interlocutores de propuestas
capaces de cuestionar o interpelar posiciones de otros. Parecería que aún
nos interesa más "mostrar" o visibilizar las inciativas o propuestas de
cada una de las redes o grupos que abrir efectivamente el debate acerca de
ellas.
Por otro lado, cada panel debía contemplar un equilibrio,
ya sea entre hombres y mujeres como también entre las diferentes regiones
del mundo. En la práctica hubo paneles más "femeninos" y más
"masculinos", y ello también parecía establecer jerarquías
temáticas. Mientras el panel dedicado al "Combate a la
discriminación" estuvo integrado mayoritariamente por mujeres, el de
"Democracia participativa" no contó con ninguna. Este ejemplo,
aparentemente menor, denota que el camino del reconocimiento de los y las
actoras no deja de ser un espacio de lucha abierto a desafíos y tensiones,
cuya construcción no depende solo de las buenas intenciones declaradas. La
perspectiva de construcción de nuevas identidades políticas democráticas
supone el reconocimiento de una "cadena de equivalencias de demandas
democráticas" al decir de Mouffe. (1993, 102).
Las propuestas emancipatorias impulsadas por los
diferentes actores sociales se desarrollan al interior de relaciones de
poder y sus articulaciones no se dan automáticamente. Es posible
anunciarlas como un horizonte político democrático pero construirla en la
práctica, supone movilizar conceptualmente las jerarquías de
interpretación de los problemas a resolver, economía, política, poder
mundial, versus subjetividad, diversidad, discriminación, derechos. Al
abordar los diferentes problemas parece difícil articular estas
perspectivas sin establecer una jerarquía entre los temas. Es por ello que
aún muchos intelectuales y políticos varones prescinden de la teoría de
género sin integrarla a sus perspectivas de análisis.
Desde el feminismo, se han venido acumulando en las
últimas décadas importantes aportes teóricos y esfuerzos intelectuales
dirigidos al estudio de los mecanismos de funcionamiento de las economías
nacionales y de la mundial. En tal sentido Rosalva Todaro y Regina
Rodríguez afirman que estas iniciativas están permitiendo elaborar nuevas
perspectivas de análisis. "No se trata sólo de incorporar a las mujeres
como un `tema' más a investigar, sino de enriquecer los marcos teóricos y
conceptuales para lograr un conocimiento más amplio y adecuado sobre el
funcionamiento de la economía" (Todaro, Rodríguez 2001).
En el FSM se ha avanzado aún escasamente en la premisa de
pensar los problemas globales de la humanidad desde una nueva perspectiva
emancipatoria que integre y articule lo público y lo privado, las
subjetividades y poderes, clase, raza, género, opción sexual, para
formular nuevas identidades políticas democratizadoras.
Intervenir en este debate, es un desafío político para
las diferentes corrientes feministas, desde el punto de vista teórico,
pero también desde la práctica política cotidiana.
Para Virginia Vargas "Los cambios en las
subjetividades han impactado también a los feminismos y sus agendas de
transformación, reincorporando a ellos las `agendas olvidadas' o
debilitadas en la larga marcha hacia el fortalecimiento institucional.
Agendas que buscan integrar la justicia de género con la justicia
económica, recuperando al mismo tiempo la subversión cultural y la
subjetividad como estrategia de transformación de más largo aliento. A
esta lucha por la justicia, los feminismos comienzan a incorporar la
diversidad no solo en la vida de las mujeres sino en su estrecha relación
con las características multiculturales y pluriétnicas de la región que
se expresan también en lo global. Estas luchas expresan
dos tipos de injusticias: la injusticia socio-económica, arraigada en las
estructuras políticas y económicas de la sociedad y la injusticia
cultural, o simbólica, arraigada en los patrones sociales de
representación, interpretación y comunicación. Ambas injusticias cruzan a
las mujeres y a muchas otras dimensiones raciales, étnicas, sexuales,
geográficas... Expresadas en la desigual distribución de recursos y en la
ausencia de valoración, se concretan en las luchas por redistribución y
por reconocimiento."
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En el FSM se ha avanzado aún
escasamente en la premisa de pensar los problemas globales de la humanidad
desde una nueva perspectiva emancipatoria que integre y articule lo
público y lo privado, las subjetividades y poderes, clase, raza, género,
opción sexual, para formular nuevas identidades políticas emancipatorias.
Intervenir desde este debate, es un desafío político para
las diferentes corrientes feministas, desde el punto de vista teórico,
pero también desde la práctica política cotidiana.
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Por último, un aspecto central planteado por la
existencia misma del FSM es la ampliación del concepto de la política, lo
político y el poder. Al constituirse como un espacio de encuentro y acción
de los movimientos sociales para pensar los problemas y desafíos de la
organización actual del mundo, se asume un protagonismo político que
amplía el escenario de quienes están convocados/as para tomar la palabra
en este debate y proponer cuáles son los asuntos que motivan la búsqueda
de felicidad. ¿Qué nuevos puentes entre la sociedad y sus organizaciones,
las demandas y problemas, la diversidad y el reconocimiento, plantea este
espacio a los sectores políticos progresistas? ¿Cómo abrir y procesar
debates entre los movimientos y los partidos sin cooptaciones o
exclusiones? ¿Se podrá acortar la brecha entre las ciudadanías diversas y
plurales y los espacios de representación política? ¿Qué procesos de
democratización de los partidos son necesarios?
Para las diferentes corrientes feministas estos desafíos
adquieren a su vez una dimensión específica, tanto en lo organizativo como
en lo político. Sin duda el movimiento feminista está compuesto por
corrientes diversas tanto en espacios organizativos, como en intereses
temáticos y políticos. Parece necesario un mayor grado de articulación
entre las diferentes corrientes para no seguir atrapadas, al decir de
Marta Lamas "en rivalidades absurdas, pues la lógica identitaria
confronta a compañeras con múltiples coincidencias políticas solo porque
pertenecen a redes o instancias distintas. Esos tropiezos, consecuencia de
la `política de la identidad', favorecen que en los grupos se encaucen
inquietudes políticas y vitales sin la necesaria separación entre hacer y
ser (Bondi), producen dislocaciones discursivas, falsas oposiciones y
confrontaciones personalizadas."
Para Sylvia Borren "necesitamos reconocer dilemas,
contradicciones, juicios difíciles y aprender a negociar entre nosotras
mismas; a construir alianzas allí donde nuestros intereses coinciden, a
buscar oportunidades de ganancia-ganancia; a aceptar que podemos ponernos
de acuerdo para trabajar conjuntamente en planes y metas específicas, sin
estar de acuerdo totalmente sobre todas las cosas".
Las alianzas entre las diferentes corrientes y agendas
feministas podrían articularse en torno a cómo transformar el debate
global sobre las alternativas en un debate de "equivalencias de
demandas" y las múltiples estrategias a desplegar para enfrentar tres
desafíos básicos. ¿Cómo eludir la encrucijada, en que las "urgencias de
las crisis" particularmente la financiera, parece colocar en un lugar
secundario las consideraciones de género y su estrecha relación con la
economía? ¿Cómo hacer de la cultura de derechos un campo de praxis
política? ¿Cómo introducir en los debates actuales la dimensión corporal y
sexual de la diferencia?
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¿Cómo hacer de la cultura de
derechos un campo de praxis política?
¿Cómo introducir en los debates actuales la dimensión
corporal y sexual de la diferencia?
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Las agendas feministas convocan al desarrollo de nuevos
paradigmas, combinando lo local, lo nacional y lo global, la interconexión
de múltiples agendas y la oportunidad de colocar en debate una dimensión
más profunda de la justicia que integre la justicia económica, social,
cultural y simbólica. Pero que también coloque en debate las formas de
hacer política de los propios movimientos sociales presentes en el Foro.
Estas interacciones múltiples entre los movimientos
sociales podrían implicar algo más que alianzas puntuales o acciones de
denuncia, con efectos significativos en las concepciones de autonomía de
los movimientos. Parecería que en este posicionamiento en construcción,
comienza a asentarse la percepción de que los asuntos de las mujeres deben
ser colocados como asuntos políticos democráticos de primer orden, que
atañen a mujeres y hombres, y que los asuntos de las democracias a nivel
cultural, social, económico y político deben ser asuntos de competencia
feminista y parte de sus agendas en lo nacional y lo global.
La esperanza abierta por estas búsquedas, está de alguna
forma respaldada en la presencia activa de los y las actores/as sociales
que, sin que nadie pueda autorizar o censurarlos/as, deciden participar
desde sus sueños, identidades y propuestas.
Bibliografía
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