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PRESENTACIÓN
DEL LIBRO
"LA TRAMPA DE LA MORAL UNICA.
ARGUMENTOS PARA UNA DEMOCRACIA LAICA"
INSTITUTO
GOETHE
31, AGOSTO DE 2005.-
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SOBRE
LAS DIFERENCIAS Y SUS EFECTOS
Marcelo
N. Viñar
Agosto, 2005.
Mi amigo Daniel Gil es maragato, en San
José la gente es muy iletrada, mucho más que en Paysandú,
de donde yo vengo, donde la gente es más ilustrada.
Esta diferencia abrió un combate que mantenemos desde hace medio
siglo: Una guerra étnica de bajo ruido y larga duración
donde la sangre no llega al río, porque nuestra guerra se tramita
más en el humor que en el horror.
Él
cuenta que en San José, un grupo discutía donde estaba apoyada
la tierra, para no nos cayeramos en el espacio sideral. Una vieja propuso
la solución que fue que la tierra, (el planeta) se apoyaba en un
gran caparazón de tortuga que la sostenía. No se rían,
es tan serio y objetivo, como la historia de Hércules y los titanes.
Se puede inventar tanto en Grecia como en San José.
Hasta que otra vieja objetó; y a esa caparazón qué
es lo que la sostiene?, otra caparazón!, dijo la primera que no
soportaba la incertidumbre, a la segunda otra y así hasta el infinito.
A donde quiero llevar mi cuento, a lo que quiero concluir con él,
es que ni en broma ni en serio nos podemos librar de la causa última,
de la causa prima, de la causa de todas las causas.
Salvo que adoptemos la solución religiosa, la voluntad de dios
es la causa última de todas las cosas. Hoy por hoy esa es la alternativa
para algunos enigmas esenciales, otorgarle la respuesta a Dios o aceptar
la insondable incertidumbre. No es una opción fácil.
Yo traigo la broma, porque la broma explica y es elocuente de que el problema
del fundamento no es prescindible ni es evacuable, ni aún en el
nivel del grotesco, ni del absurdo, ni tampoco en las cosas esenciales.
Si fueran sólo diferencias de argumentos
, pero a veces las
diferencias de creencias conducen a la guerra y a la destrucción
La broma también muestra que los límites entre lo que es
racional y lo que es irracional, no son obvios, que los bordes, las fronteras
entre conocimiento y creencias, tampoco son fáciles.
¿En
qué me apoyo para ser lo que soy?
¿En qué me apoyo para pensar lo que pienso?
¿En qué, para defender lo que defiendo?
El problema tiene a su vez algo de obvio, algo de absurdo, algo de estéril,
pero también de ineludible.
¿Cómo
es que ocurre que la homosexualidad que fue durante siglos una enfermedad,
un delito, una aberración, es hoy un derecho consagrado?
O la condición ciudadana de la mujer, tan diferente en la Grecia,
antes de Cristo, en la época victoriana y en la actualidad?
O la diferencia entre amos y esclavos que el mundo no se cansa de combatir
pero que vuelve a reproducir? No hay fin de la historia, la vida es movimiento.
A mi entender, la diferencia fundamental entre religión y laicidad
es que en la religión, la verdad buscada ya está contenida
en el texto fundador, viene pre - establecida, es de confección
y prêt-a porter. Y en el laicismo, la verdad es a construir, a argumentar
en a) un debate interior, privado, íntimo (del sujeto o su grupo)
y b) en un debate público en la controversia ciudadana.
Este libro tiene un título contundente, "La trampa de la moral
única" (argumentos para una democracia laica) Su contenido
también lo es.
Me ha tocado presentar otros libros y siempre me encuentro perplejo con
la función y la tarea de presentador. Tiene deberes de propaganda,
de marketing, la obligación de decir que es bueno, que lo compren,
que lo lean. Pero hacer de mercachifle es indigno con la función
académica que se supone que uno debe tener, la de ser solvente
o experto en el tema.
La laicidad no es mi especialidad, no soy experto, pero si es mi pasión,
mi convicción militante. Soy de los que sigo pensando que la religión
es el opio de los pueblos, no por capricho, sino porque - como dice Maurice
Blanchot - la respuesta es la desgracia de la interrogación.
Si uno tiene el fundamento, el prêt-a porter de los principios,
lo esencial de la ecuación está ya resuelto, y esto adormece
a la razón al indagar, al explorar, a eso insaciado e insaciable
de la necesidad de saber, el indagar o investigar, estableciendo secuencias
lógicas entre premisas y consecuencias, lo que es un trabajo siempre
inconcluso de la mente humana, axiomáticamente interminable.
El no tener el fundamento nos impulsa a pensar, a explorar, a descubrir,
a tener la mente y los sentidos dirigidos a lo desconocido. Los fundamentos
hay que descubrirlos y/o inventarlos en el borde mismo que une o separa
el conocimiento de la creencia.
Curiosamente esta disposición de la mente humana, que yo vivo como
aliciente, como acicate, es percibido por otros como amenaza, como deriva
ominosa. Vean por ejemplo algo que cito en el libro en la página
68:
"Pero, de acuerdo a Jürgen Habermas (1995), las críticas
han sido enunciadas también muchas veces desde sectores neoconservadores,
cuyos principales voceros observan una marcada degradación moral
como resultado de la escisión entre la cultura y la sociedad.
Los neoconservadores -sostiene Habermas- responsabilizan a la modernidad
de haber exacerbado el subjetivismo y el relativismo de toda norma social,
colocando al sujeto en una situación de permanente inestabilidad
existencial, frente a lo cual algunos proponen recobrar la fe religiosa
y la tradición como estrategia para volver a asignar un sentido
trascendente al mundo. Considerando estos puntos, no resulta difícil
trazar una línea de contacto entre sectores que aparentemente
se encontrarán enfrentados, como son los grupos de la derecha
occidental y las fracciones islámicas que se oponen de modo violento
a los efectos de una cultura global que se expande continuamente. En
ambos casos, la invocación a los poderes divinos justifica actitudes
y acciones que niegan los principios de igualdad y autonomía
que, como ideales a alcanzar, han sustentado el proyecto de la modernidad."
La etimología, que es muy sabia y sagaz, hace converger en el mismo
término: Inquirir a desenlaces tales como investigar/explorar o
en el polo opuesto como la inquisición que culmina en el martirio
y la tortura.
La tentación de separar lo puro de lo impío en la diversidad
humana es un dilema constante, mezclando valores morales y estéticos
con pasiones, desde la intolerancia étnica o religiosa, hasta las
barras bravas y las tribus urbanas. No sólo definiciones intelectuales,
sino de acción y de combate y muchas veces nos va la vida en ello
y no es metáfora. Por consiguiente, todo debate y toda lucha por
la diversidad y contra el dogma debe ser siempre bienvenido.
La religión resuelve el problema de los orígenes con el
texto sagrado que consagra una verdad, de la que ya se puede partir: la
verdad sagrada está - y no puede ser cuestionada - salvo por el
sacrílego.
Todo sería fácil y nítido - entre los buenos y los
malos (como en las películas de cow boy) - si todos los laicos
fueran desprejuiciados y todos los creyentes prejuiciosos. Pero como bien
dice Zygmunt Baumann, la naturaleza y la diversidad humana no se ajusta
bien a clasificaciones binarias y hay muchos laicos dogmáticos
y supersticiosos, y muchos religiosos con una sagacidad racional y una
avidez de saber que son envidiables.
Conviene entonces discernir entre las personas y los discursos o doctrinas,
entre las personas y las instituciones que siempre contienen la entropía
y la tendencia a anquilosarse y volverse reaccionarias y dogmáticas.
Cómo entender sino que los ideales humanistas del socialismo hayan
conducido al horror del goulag staliniano y al crimen genocida de Pol-pot,
o a un socialismo integrista que repudia las diferencias y lleva al estado
policíaco y a la reeducación psiquiátrica o concentracionaria.
¿Dónde empieza la vida humana? En el dato biológico
de que un espermatozoide fecunda a un óvulo?, o en el anhelo de
una pareja humana, de concebir y de gestar una cría, e implicarse
en construirlo como criatura humana?
No es con el fundamento de lo sagrado de la vida, o de lo absoluto de
un origen, que uno apoya la despenalización del aborto, sino que
deja en suspenso ese valor absoluto "la vida" - tantas veces
atropellado - y constata en la realidad inmediata - del mundo tal cual
es, no tal cual debiera idealmente ser - constata que la ilegalización
del aborto lleva a muchas muertes maternas innecesarias y a muchos nacimientos
e hijos no queridos, que crean coyunturas más dañinas y
criminales que la supresión de un embrión.
La laicidad nace como prolongación de la ilustración y el
iluminismo y relativiza las verdades absolutas, librándolo a la
controversia entre los hombres que deben de modo interminable e inacabable
construir las condiciones y los códigos de su convivencia.
El Libro que Uds. Van a comprar y leer trata con lucidez y detención
muchos de los temas que yo he abordado, un poco al galope por razones
de tiempo insuficiente o de inteligencia insuficiente.
Quiero volver, para concluir a una idea que me pareció central
en el libro, en el primer artículo, el del compilador, El orden
tutelar de Guillermo Nugent, quien en la página 8 dice:
"En
este sentido, una de las características más deseables
en una cultura pública democrática es que la distinción
más importante no sea entre opiniones malas y buenas sino entre
opiniones propias y convencionales. En el primer caso se presume una
instancia superior que decide cuáles son buenas y cuáles
son malas; situación que se presenta con las autoridades religiosas
y con ciertas censuras militares, aunque en modo alguno se restringe
a esos ámbitos. La distinción entre opiniones propias
y convencionales, en cambio, no supone un antagonismo de principio entre
ambas, pues las diferencias de contenido de los juicios pueden no ser
tan marcadas, de tal forma que puedan ser establecidas afinidades y
confrontaciones parciales."
Ideas u opiniones propias o convencionales. Voy a culminar con esto mi
participación, porque al menos sobre este aspecto de la laicidad
y un psicoanalista tiene algo para decir. En los otros, los problemas
ciudadanos son materia para politólogos y cientistas sociales.
Tener opiniones propias es una posibilidad que solo se despliega al término
de un largo camino de individuación y es el resultado de un proceso
complejo al que no todos los hombres acceden. Antes de ser uno mismo cada
quien es moldeado por los hábitos y costumbres de su propia cultura,
que terminan por ser erigido como el patrón y medida de lo bueno
y lo bello. El precio de la humanización, de ser aceptado y tener
un lugar propio, sólo se logra en el sometimiento a la autoridad
y la tradición, nos enseña Arendt. La mente de los vivos,
exclamaba Marx, es oprimida por las mentes de los muertos que lo precedieron.
Así se constituyen las culturas hegemónicas.
La individuación, el poseer una mente crítica y propia,
sólo se consigue con la lucidez y el coraje del riesgo a quedarse
solo.
Manuel Castells en el "Poder de la Identidad" enseña
una historia en movimiento donde las culturas de resistencia y de legitimación
pugnan y a veces logran, la ruptura con las culturas hegemónicas
(intrínsecamente conservadoras) y logran desencadenar el cambio
y el progreso.
Solo la controversia permanente en el pluralismo podrá gestar y
parir este movimiento de una historia que no tiene fin, movimiento sin
fin para preservar la cristalinidad que es propia de la vida. Todos saben
que las aguas estancadas se pudren.
A cada quien la posibilidad de escoger su puesto en el quehacer ciudadano
y no adormecerse en lo políticamente correcto.
Como dice Antonio Machado en su "Autorretrato", "más
que un hombre que sabe su doctrina, soy, en el buen sentido de la palabra,
bueno"
Marcelo
N. Viñar
Agosto, 2005.
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