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2004
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MUJERES MIGRANTES: FRONTERAS ANCHAS Y AJENAS
VOCES DE MUJERES
MIGRANTES EN ARGENTINA,
PARAGUAYAS,
BOLIVIANAS Y
PERUANAS.
Ramona
Alvarez Fleitas, paraguaya, migrante en Argentina, es
licenciada en Sociología por la Universidad de Buenos
Aires, militante activa en distintos grupos de mujeres
feminista, por los derechos de las migrantes. Es miembra
fundadora de la Red de Mujeres Migrantes , del Grupo de
Investigación Orerapé y de la Comisión de Juicio Etico
a Alfredo Stroessner. Integra la Asociación Residentes
paraguayas del Oeste de la Prov. de Buenos Aires.
Apoyada por UNIFEM participó de la
Conferencia Mundial de Durban y del Foro Social de Porto
Alegre, donde integró el panel de Mujeres Migrantes
Fronteras anchas y ajenas.
Soy paraguaya, y como la mayoría de mis
compatriotas, vengo de la campaña, del campo paraguayo.
Pertenezco a la migración no deseada en la
Argentina, junto a las peruanas y bolivianas. Digo no
deseada, porque no provengo de las migraciones de
ultramar, las europeas. No formamos parte del
"crisol de razas", ni de la "Argentina
blanca y anglosajona".
Sin embargo, hace 50 años, las y los
paraguayos, éramos una migración deseada para los
dueños de los latifundios de las provincias limítrofes,
donde paraguayas y paraguayos, trabajaban de sol a sol
para levantar la cosecha de algodón o en los
quebrachales, recibiendo por pago una mínima ración de
alimentos y violencia del "capanga", capataz
del latifundio.
Y hoy somos una migración deseada para las
empleadoras del servicio doméstico y también para los
"empresarios de la explotación del trabajo
sexual", a cambio de una ínfima paga y de la
violencia sistemática de la policía. Por eso trasmitir
en este Foro, las voces de las mujeres migrantes en
Argentina, implica también referir nuestros silencios,
en otras palabras al sentido histórico de nuestras
voces.
Cuando hace años en Paraguay, caminaba
descalza por Ipucú, uno de los pueblos campesinos
paraguayos. En silencio, junto a mi madre, plantaba
semillas de algodón compradas a crédito. Madre e hija,
sabíamos , que otra vez, la cosecha no llegaría a
cubrir el costo de las semillas y que nuevamente la
compra de las sandalias quedará para el próximo año.
Ese año no llegó. El pedido de mi hermana mayor,
trabajadora del servicio doméstico, nos llevó a vivir a
la Argentina.
El viaje en barco, hacía Buenos Aires,
duró lo suficiente para juntar sobre la cama cuatro
enormes merengues, postre desconocido en la campaña
paraguaya, y tan bonitos que no quería romperlos.
El clima frío y el cambio de estaciones de
Buenos Aires me dejaron sin habla, también las preguntas
en español del funcionario de la Dirección de
Migraciones. Me angustiaba no poder hacerme entender,
"ellos" solo hablaban español, no entendían
nuestro guaraní . Mi madre y yo no comprendíamos su
español, salir rápidamente, como si lo hacían otras
personas, era mi deseo., tuvo que entrar mi hermana, para
auxiliarnos y dar todas las explicaciones para el
trámite... Otra vez el silencio. Llegar a una gran
ciudad, con casas altas, cajas que subían y bajaban
llevando gente, sin nadie que las sujete, era para mi,
incomprensible.
Cuando llegamos, a la casa, quise tomar
agua. Mi hermana giró una perilla y que llenó el vaso.
Dejé todo y me dediqué a buscar a la persona que había
traído el agua desde el icúa Seguramente estaba
escondida detrás del mueble.
No entendía que en Buenos Aires, los icúa,
están sobre las casas, en forma de tanque, y que no se
necesitan baldes para traer el agua, sino abrir la
canilla.
Fuimos a vivir, a unos 35 km. del centro de
la ciudad, allí podríamos tener animales y aves de
corral, mi madre no extrañaría tanto su
"campaña", también era la única forma de
tener un espacio grande y con verde.
Las comodidades eran pocas, el transporte
nos dejaba a unas veinte cuadras y las calles de tierra
en tiempos de lluvia, se convertían en barrial.
Comencé la escuela, en Paraguay, no lo
había hecho, las mujeres van mas tarde, tampoco era muy
necesario. " las mujeres están para la casa, y no
para estudiar tanto" decía el viejo maestro del
pueblo.
Los primeros días en la escuela, fueron muy
difíciles, no entendía nada de lo que me decían, a
esto se le sumaba mi timidez. Estaba paralizada...mis
compañeros se daban cuenta de esto,..y por supuesto lo
usaban.. encontraron un motivo para reírse. Lo hacían,
con la frescura que suelen hacerlo los niños, el color,
el peinado, la forma de pararme, mi nombre con rima de
mona, ...todo era motivo para correr a mi lado y hacerme
morisquetas, seguramente pensaban que tampoco las
entendía.
Apoyada en la columna, pasaba los recreos.
En el mas lago, la maestra me alcanzó, mate cocido con
pan, que se le daba a todos....el pan para mí, era un
manjar que solo comíamos en días muy especiales. Los
otros días comíamos mandioca en las mas variadas
formas.
La señora Edith trataba de hacerme entender
las mínimas cosas. Ella sabía que en mi casa, tampoco
podrían ayudarme, mi madre no hablaba español, mi
hermano que "entendía algo" no volvía hasta
la noche. Después de un día de trabajo en la obra de
construcción, y casi dos horas de viaje para llegar
después de salir del trabajo. No eran las condiciones
mas adecuadas, para enseñar.
Poco a poco, fui entendiendo, aprendí a
ponerme zapatos todos los días, llegando hasta tener dos
y no cuidarlos mas que a mis pies, para que no se
arruinen. A diferenciar las estaciones del año. Que
había una ropa para el invierno y otra para el verano.
También comenzaba los trámites para tener
los documentos argentinos.
Íbamos muy temprano a la Dirección de
Migraciones, ya hablaba un poco el español, no lo
suficiente para hacerme entender rápido. Los empleados
de esa repartición siempre tienen mucho apuro.
Muchas veces nos dejaban a un costado,
mientras seguían atendiendo a otros personas, después
de varias horas, se acordaba y volvía a preguntarnos y
nosotras tratando nuevamente de explicar en un jopará
mezcla de guarani y español- los trámites que
hacíamos. Mientras esperábamos, veía que otras
personas, mucho mas blancas o rubias, que hablaban
distinto, salían muy rápido y sonrientes.
No me daban la radicación hasta los 18
años, significaba que no podría continuar estudiando,
aunque a mi hermana ya le había aconsejado " no es
necesario que estudie, total después se casa y para que
tanto gasto" "si hubiese sido varón, bueno,
pero ya sabes que las mujeres lo importante es que
aprendan a cocinar, un poco a coser.. así le puede
ayudar al marido después... ".
En esos tiempos, cuando veía la diferencias
que se hacían entre varones y mujeres, comencé a pensar
lo importancia de la "capacitación para abrirnos la
cabeza", y tratar de insertarnos aunque sea un
poquito en ese mundo de los "hombres".
Poco a poco lo fui logrando, seguí
estudiando a la vez que trabajando con las compañeras
que recién llegaban de mi país, oficiando de
traductoras, para que no les pase lo que a mí. Tratando
de que se capaciten, y así poder salir del
encapsulamiento del trabajo doméstico...saben que mis
compatriotas son las que mas se insertan en ese
servicio...desde mediados de los ochenta, cuando se
feminiza las migraciones, las paraguayas y las peruanas
generalmente, son las mujeres, que muchas veces tienen
que mantener un doble hogar, el que dejaron en sus paises
de origen y el que tienen en el lugar de la migración.
Hijos, esposo, padres, esperan la remesa de
dinero,"como el pan", que ella con mucho
sacrificio enviará, para pagar los gastos de la casa, o
simplemente llevarse un poco de comida a la boca.
Entonces, mi objetivo es contribuir con
algunos contenidos para que juntas diseñemos alguna
forma de organización que capte el sentido que toma la
realidad socio - política y específicamente en los
movimientos de personas a través de las fronteras anchas
y ajenas en el Cono Sur y fundamentalmente entre las
mujeres.
Actualmente en la Argentina, al abuso
laboral se le suma también la discriminación cultural
para cerrarnos los espacios sociales y cívicos. A pesar
de que formamos parte de las llamadas migraciones
recientes la ciudad de Buenos Aires, se funda en el Siglo
XVI, (1580) por un contigente proveniente de Asunción
hoy Paraguay con "mancebos de la tierra y Ana
Díaz" primera mujer de origen guaraní en Buenos
Aires.
Por eso cuando hablamos - oré-
(nuestro) guaraní, el no- reconocimiento de estas pautas
culturales restringen fuertemente nuestras libertades
socio espaciales en Argentina. Fundamentalmente se
nos acotan los derechos civiles y políticos, como
consecuencia directa de la indocumentación impuesta en
Argentina a la mayoría de nosotras las paraguayas, las
bolivianas y peruanas.
En ese sentido, los años de lucha por los
derechos de la mujer me han probado desde la práctica la
conveniencia de la organización en redes. En el 2001,
después del Seminario de Mujeres Migrantes, realizado
por la Dirección Gral. De la Mujer, el Inadi y el Fondo
de Naciones Unidas para la Mujer. Esta ultima me ha dado
un importante apoyo para participar en la Conferencia
Mundial contra el racismo. En Durban, hemos profundizado
la militancia contra la discriminación
Por esto es más fácil nuestro trabajo
contra las practicas discriminatorias que veo potenciadas
por este importante espacio que me brinda nuevamente
Unifem, en el Foro Social Mundial.
Me gustaría señalar, que del total de la
población paraguaya sólo un 48 % habita en sectores
urbanos, para el resto de América del Sur el promedio
gira cerca del 80 % . Una tercera parte de las paraguayas
y paraguayos vivimos en Argentina de los cuales la
mayoria tiene problemas con la documentación. Estamos
hablando de una cantidad de mujeres y varones con sus
derechos civiles seriamente restringidos, cuando no
negados, se nos cataloga como "indocumentados e
ilegales", a pesar de poseer documentación del
país de origen. La negación social y política se
potencia aún más, si consideramos que el art. 120 de la
Constitución paraguaya no nos permite votar por vivir
fuera de Paraguay.
Hasta el año 1989, no votábamos por causa
de la dictadura, hoy no lo hacemos por la constitución y
las leyes. Nosotras somos una población discriminada yo`a
doble - en Paraguay, porque no podemos ejercer el
voto y en Argentina, ilegalizada, porque se nos niega la
documentación y así nuestros derechos cívicos, y en
esto incluyo a peruanas y bolivianas.
Si tengo que caracterizarnos de alguna
manera. Debo decir entonces que somos una población
oscurecida y silenciada. Por ser migrante, mujer
campesina y pobre
El mercado internacional también ha
contribuido al oscurecimiento, desde los noventa, el paso
desde el Estado de Bienestar al llamado Estado Mínimo,
reseteado por los gerentes globalizadores, modifica el
componente fundamental de las economías de nandé-
nuestros países. El sector dinámico pasa de la
industria a los servicios, nuestra respuesta como
migrantes feminizó los flujos, para ocupar los puestos
de trabajo en el servicio doméstico y la venta
ambulante. A pesar del poseer un nivel educacional mayor
del requerido para el puesto, las compañeras peruanas,
hacen frente a extenuantes y abusivas jornadas de
trabajo. Las capacidades educativas no le son reconocidas
desde la Administración Pública argentina, cuando
llegan de las zonas urbanas peruanas.
Nosotras, las paraguayas y bolivianas
llegamos de sectores campesinos. Nos diferencia la
inserción laboral, como las bolivianas son productoras
agrícolas , los varones las pueden acompañan.
Al contrario las paraguayas y peruanas somos
el componente fundamental que sella el carácter femenino
de los flujos porque nos insertamos en el servicio
doméstico. Como se sabe las condiciones de trabajo en
este sector se caracterizan por el aislamiento social y
el encapsulamiento al que somos sometidas las mujeres.
La clase media argentina tradicional
empleadora de las mujeres migrantes integra las filas del
desempleo estructural o como vimos regresa a tierras de
sus abuelos europeos.
Específicamente la modalidad cama adentro
del lugar de trabajo pasa a lo que caracterizo como cama
caliente de las pensiones y hoteles, la clase media
argentina ya no puede afrontar los costos que insume
alojar a las mujeres migrantes en la habitación de
servicio.
Las mujeres ganan las calles y explican con
sus cuerpos los niveles de visibilidad. La modalidad por
hora, que reemplaza a la de cama adentro, hace que las
mujeres nos veamos mas, y en tiempos de crisis, como los
actuales, la venta ambulante, es una forma de hacernos
ver, en los distintos espacios, las estaciones de trenes
y de colectivos, encuentran a muchas mujeres con los
canastos de chipas, nuestro pan paraguayo-ofreciéndolos
a todo el que pasa.
Desde los años 90 se le agrega una
aceleración de los movimientos de personas y
establecimientos por corto tiempo que le dan cierta
apariencia de flotabilidad, además, esta población
flotante está adquiriendo mayor visibilidad socio -
espacial La consecuencia directa es que nuestros flujos
migratorios campesinos, integran una masa sumamente
crítica para las instituciones políticas de Argentina y
Paraguay.
Porque como se sabe los sectores dinámicos
de la economía Argentina se encuentran establecidos en
la zona del Río de la Plata y es el lugar en que se
establece el 65 % de las migraciones paraguayas, de una
relevancia importantísima si consideramos que la gran
mayoría son trabajadores activos.
Mi posición sobre el sentido de la historia
es que en latinoamérica no luchamos solamente por los
medios de producción y por el excedente económico, si
me permiten, aquí en el Sur del Sur luchamos también
por recuperar nuestros cuerpos que ELLOS nos arrebatan
día a día.
En el inminente pasado el terrorismo de
Estado practica la desaparición masiva de personas y en
el pasado perfecto de nuestro presente, la presión de
una tecla desde la consola de sonido de los centros
internacionales de poder impone silencio y desaparece
pueblos enteros del escenario de los márgenes globales
en segundos y en tiempo real mediante la ilegalización
documentaria de la visa imposible.
Entonces, ¿ cómo recuperar el sentido de
las voces, silencios, apariciones y desapariciones de las
mujeres paraguayas, bolivianas y peruanas en Argentina ?
¿cómo decir que las migraciones no son solo económicas
sino que también se inscriben en una tradicional
práctica de la cultura guarani. Me parece pertinente
articular un canal que lo haga desde la experiencia
corporal y desde la historicidad del movimiento de los
cuerpos integrando los aspectos emocionales de la
realidad socio - histórica.
Además de mostrarse la ciudad de Buenos
Aires rodeada por barrios de sectores bajos, antes
industriales, los canales de distribución y transporte
de personas y bienes en todo el aglomerado metropolitano
desborda de personas simplemente esperando limosna,o
vender alimentos o vestimenta, las de origen boliviano
esperan sentadas con sus vegetales de huerta fuera del
perímetro de los grandes supermercados,. de cadenas
internacionales.
Pero detrás de esta actitud de espera que
compone el incremento de visibilidad social de las
migrantes subyace lo que yo llamo lógica de la
aparición y que deseo recuperar para el diseño de una
forma alternativa de ciudadanía. Por eso la
organización en red, que es también construir ñanderoga
- nuestra casa donde se puede esperar al otro para
que aparezcan materiales culturales, económicos -
políticos y sociales que les permiten alcanzar un estado
de " desahogo" existencial.
Este ñanduti tela de araña -
que tejeremos con la familia, vecinas, amigas y
compañer@ de trabajo, las casas y centros fuera de las
redes informáticas, nos permitirán tener mas fuerza y
trabajar oñondivepá todas juntas-
Estos ñanduti, constituyen mi
trabajo.
Soy migrante paraguaya y esa es mi propuesta
para el tendido de redes, para cada cual según su
necesidad y de cada cual según su posibilidad.
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