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RADICALIDAD
DEMOCRÁTICA Y SOCIODIVERSIDAD
Apuntes
para un debate sobre las interacciones entre derechos individuales,
derechos colectivos, diversidad, reconocimiento, reciprocidad y ayuda
mutua
(Texto elaborado en diálogo[1]
con Elizabeth Uribe y Carles Riera y presentado por éste en el FSM de
Mumbai )
Mumbai,
India Enero 2004.
Presentada por Carles Riera i Albert
Me gustaría en primer lugar, agradecer a las promotoras de
este encuentro el que hayan hecho posible con su invitación, el estar
hoy aquí, considerando que, en las cuestiones que vamos a debatir,
soy más buscador y aprendiz que una persona de autoridad.
En segundo lugar también quiero agradecer a los seres humanos,
mujeres y hombres que con su relación me han enseñado y me enseñan
en este ir haciendo preguntas y buscando respuestas.
Estos saberes son construidos en relación y generados por
experiencias compartidas, sabiéndonos parte de una red que nos
humaniza, en la que afinidades, complementariedades,
diversidades, conflictos (contradicciones), encuentros y despedidas
son campo fecundo de aprendizaje. Un campo en el que cualquier
modificación de lo real pasa por un cambio tanto en lo personal como
en lo social.
Aparecen
así otras medidas, otras mediaciones que dan sentido a la experiencia
creando mundo común compartido[2].
Una de las medidas que coloco hoy en el mundo es aquella que
busca superar el mecanismo de la violencia en las relaciones
entre los seres humanos[3]
situando a la política en el centro de la realidad, una política de
cambio en primera persona, de resolución de las contradicciones en un
nivel donde los humanos mediando con la palabra seamos capaces de
construir un nuevo
encuentro.
En tercer lugar y como prólogo, decirles que el cometido
principal de mi aportación es la reflexión sobre las relación
profunda que existe para mí entre transformación personal y cambio
de la sociedad. Siento que ahí está la base de un nuevo paradigma de
cambio que partiendo de sí, de la modificación en primera persona,
al mover vínculos y redes, se extienda al tejido de
nuestra sociedad y del mundo. No es un reto nuevo ni original
ya que diversas tradiciones culturales lo incorporan a sus finalidades
y prácticas, pero lo siento también como una urgencia radicalmente
actual en nuestra sociedad.
A
nivel metodológico plantearé el debate en términos de algunas
preguntas y gérmenes de respuesta.
La
primera pregunta que hago en voz alta es la siguiente:
¿La progresión de
derechos individuales o, más exactamente,
la individualización (individuación)[4]
de los derechos, qué ha favorecido principalmente? ¿Qué ha
significado a lo largo de los últimos tiempos que el sentido de la
libertad se conciba básicamente en la progresión de derechos y éstos
se plasmen básicamente en derechos a nivel individual?
La respuesta que me surge en primer lugar es que esta progresión
de derechos civíles, entre los cuales la igualdad de oportunidades de
mujeres y hombres así como la no discriminación racial entre otros,
en su dimensión de derechos individuales, favorecen,
efectivamente, la igualdad de oportunidades para la integración
individual en la sociedad liberal, en una concepción de libertad
basada en las opciones de consumo, en la propiedad privada, en la
privacidad y en las oportunidades para competir en las aspiraciones a
ocupar lugares de privilegio en el sistema, más que en la creatividad
social, la cohesión y la solidaridad. La diversidad de
individualidades e itinerarios ha supuesto más una diversificación
de caminos hacia el paradigma liberal dominante que una propuesta
alternativa a éste.
En
segundo lugar y dada la orientación de este seminario, la siguiente
pregunta es:
¿Qué expresa la actual
confrontación entre liberalismo y fundamentalismo? Es verdadera o expresa
otro problema de fondo?
La sociedad patriarcal, fundamentada en unas relaciones de dominio
de unos seres humanos sobre otros y basada en la apropiación
individual o corporativa de la creación colectiva y en el libertinaje
de las élites a costa de la libertad coartada o vigilada de las clases
populares, atraviesa como rasgo común tanto a las sociedades
liberales como a las sociedades totalitarias.
Pero
además ¿no es el liberalismo y su máquina de guerra militar, económica
y cultural un fundamentalismo que se autoexcluye de esta categoría
precisamente por su posición dominante?
En el primer caso se trata de alcanzar
las finalidades del sistema mediante el individualismo
competitivo. En el segundo, mediante procesos altamente
homogeneizadores y de fuerte encuadramiento social. En este marco, el
fundamentalismo también debe ser explicado como una reacción
defensiva de las sociedades colonizadas ante el integrismo liberal de
los colonizadores, aunque
en los dos subyazga un mismo paradigma de desigualdad y dominio de
unos sobre otros y principalmente sobre otras.
En
tercer lugar,
¿La crisis occidental de
las adscripciones identatarias basadas en la familia, la clase, el hábitat comunitario, la religión, etc...
supone la construcción de un nuevo orden de vínculos comunitarios o,
por ahora, refuerza el
sistema liberal individualista?
Las
sociedades occidentales están experimentando y exportando un sistema
de relaciones competitivo, precario, flexible, deslocalizado e
individualizado, sin que sean evidentes las alternativas socializantes.
En el actual sistema de relaciones los seres humanos se configuran en
buena medida como seres desarraigados[5]
y eso nos hace más vulnerables al liberalismo. Otras sociedades
sostienen modelos tradicionales que se resisten a dicha noción individualista
de la ciudadanía. Los nuevos movimientos sociales y las nuevas
experiencias de familia, de economía
social, etc... tienen el reto de experimentar y crear nuevas formas de
convivencia solidaria y de ciudadania colectiva.
La
atención a justicias y solidaridades transversales y socializantes, puede
suponer un complemento a la individualización (individuación) de los
derechos que favorezca un paradigma postneoliberal. La propiedad común,
la economía social, la democracia participativa local, la justicia y
la ecología globales, la ayuda mutua, la reciprocidad, las
solidaridades con respeto a la diversidad, pueden vincular el derecho
individual a finalidades comunes no integristas (no apriorísticas) de
fuerte capacidad de transformación personal y social y de gran
potencial de crisis para el liberalismo.
Una
nueva generación de derechos colectivos (de los pueblos sin estado,
ecológicos, sociales,...) puede complementar los derechos
individuales, incorporando la diversidad a la democracia y poniendo a
la vez la relación, la mediación, el compartir, el obligarse en lo
común en el centro del debate democrático, por encima del falso
dilema de la pugna entre intereses individuales y colectivos cuando se
busca un nivel superior de encuentro.
Y
ante este debate y en el marco del FSM…
¿No es paradójico que la
izquierda occidental critique el imperialismo al tiempo que
considere legítima la exportación universal de sus propios
valores y proyectos?
Si
bien el deseo de justicia universal pareciera ser algo obviamente legítimo,
en el liberalismo y en la izquierda universalista existe la
coincidencia de aspirar a imponer sus modelos en todo el planeta, cosa
que coloca nuevamente las singularidades, las diferencias, la
diversidad y la comunidad como aportes pendientes en ambas
tradiciones, que confunden igualdad de oportunidades con homogeneidad
y universalización.
Y
finalmente…
¿La
separación entre cambio personal y transformación social, no
favorece la polarización entre liberalismo y totalitarismo sin dejar
lugar a un territorio de transformación global y a la crecaión de
redes de relación y de solidaridad en el cambio personal y colectivo?
La
dislocación de lo interior y lo social, lo público y lo privado, lo personal y lo político[6],
favorece el modelo liberal basado en la competencia, la imagen, la
jerarquización de opresiones y desigualdades y la individuación sin
compromiso.
La
confrontación entre partidarios del cambio social y de la
transformación personal es una pérdida de energía y un falso
problema que excluye el punto de apoyo complejo y holístico del
cambio real. La transformación subjetiva hacia la autonomía
y la ecuanimidad y el compromiso solidario, en un nuevo orden
del amor, mediada por la relación, son condición necesaria y parte
de un proceso de círculo virtuoso para el cambio en las instituciones
sociales y los procesos políticos.
Y
en ese territorio de cambio global…
¿Puede la relación de
mujeres y hombres incluir y mediar la diferencia sexual, comprometiéndose
en la ayuda mutua para la común transformación?
Un
paradigma de radicalidad democrática, libertario, puede incluir la
diferencia y la complementariedad transformadora como eje
fundamental de la dialéctica social, entendida ésta desde la visión
heraclitiana y no hegeliana. Como relación de autoconocimiento y de
ayuda mutua en la
construcción de nuevas experiencias sociales de compromiso y
libertad.
Finalmente,
añadir que estas reflexiones, estos atisbos y balbuceos, surgen de
una experiencia personal compartida, de una práctica política de
relación de diferencia de mujeres y hombres iniciada
con Elizabeth Uribe Pinillos, en la que ponemos en juego el
conflicto creativo, la diferencia del ser mujer y del ser hombres como
elemento enriquecedor en la búsqueda de sentido.
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