Desde los Laberintos de la democracia en América Latina Cecilia Olea Reflexionar la Crisis y los límites de la oleada democrática en América latina es una tarea grande y compleja, seductora y estimulante. En estas líneas lanzaré algunas ideas acerca de los regímenes políticos y las agrupaciones (para no decirles Partidos Políticos) que están asumiendo algunos de los gobiernos en los países de nuestra región. Poniendo énfasis en el ejercicio de la ciudadanía, a partir de la relación entre sexualidad y poder.
En las dos últimas décadas, en la mayoría de países de América Latina se han sucedido regímenes elegidos mediante escrutinio universal. El recambio de los gobernantes mediante sucesivas elecciones no ha estado exento de debilidades, ha ido acompañada de procesos electorales fraudulentos (como el de Fujimori en 1993, 1995 y el 2000). De autogolpes nuevamente como el de Perú, de cambio de Presidentes antes del cumplimiento de su mandato como en Argentina, Ecuador y Bolivia. A esta oleada democrática, los incumplimientos, las fracturas, las tensiones, los límites y las denegaciones han constituido la otra cara de la moneda de las promesas de la democracia. El incumplimiento de las promesas de la democracia ha estado relacionada con el llamado proceso de reestructuración económica -léase aplicación del modelo neoliberal- que ha traído como consecuencia el ensanchamiento de la brecha entre los que más tienen y los que menos tienen. El promedio de desigualdad en el mundo en la década de los 90 fue 0.381 y en América Latina de 0.576. La reforma económica, léase aplicación del modelo neoliberal, medido entre 0 y 1, pasa de 0,58 en los años 80 a 0,83 en los 2000. En 1990, el 10% de la población latinoamericana de ingresos más elevados tenía 25,4 veces el ingreso del 10% de la población de menores ingresos. En el año 2002 el 10% de la población de ingresos más elevados tenía 40 veces el ingreso del 10% de la población de menores ingresos. Las últimas décadas no sólo fueron de elecciones débiles y de aumento de la pobreza, también la década de los noventa significó el reconocimiento de normas legales que dotaran de instrumentos para la defensa frente a la violencia contra la mujer, la adopción de medidas de acción positiva para garantizar la presencia de mujeres en los procesos electorales y la declaración de parte de algunos estados de su interés en tener políticas de género, efectivizado en la conformación de mecanismos de políticas llamados institutos, Ministerios o vice ministerios. Escuchar decir al Presidente Venezolano “Sr. Bush usted no puede ponernos condiciones unilaterales”, ver a Evo Morales, al defensor de la hoja de coca, juramentar como Presidente Constitucional de Bolivia y asistir a la elección como Presidenta de la República de una mujer agnóstica, dos veces divorciada (cuando en su país no había divorcio) presa y torturada por Pinochet. Evidentemente nos llena de alegría, pero la fuerza de ese alegría se encuentra con la fuerza de la preocupación y del desencanto por los de sesgos autoritarios expresados en la tentación del pensamiento único en Venezuela, por la incertidumbre frente a cómo será el comportamiento político de los integrantes del MAS en Bolivia ¿responderán a intereses personales o colectivos? ¿Se enfrentarán estos regímenes anti imperialistas, con características modernas, a la jerarquía de la Iglesia Católica en relación a políticas de salud sexual y salud reproductiva?¿O el aborto clandestino pero seguro seguirá siendo el privilegio de las mujeres con medios económicos?¿La administración del Michele Bachelet cuestionará el modelo neoliberal que excluye a la mayoría de chilenos y chilenas y privatiza el acceso a derechos?
El contexto político es leído desde las realidades y herramientas desde el que cada cual actúa, vive, vivencia e imagina. La rendición de cuentas a los gobiernos, las demandas que colocamos en el espacio público, las demandas desde las que nos organizamos en lo social responden a estos los imaginarios que construimos. Como afirma Gabriel García Márquez “Recuerden que las cosas de este mundo, desde los transplantes del corazón hasta los cuartetos de Bethoven estuvieron en la mente de sus creadores antes de estar en la realidad.” <1> . La sexualidad es una de las dimensiones constitutivas de la identidad del ser humano, es una construcción cultural cuyo ejercicio puede constituir / ser una fuente de realización, de práctica de la autonomía individual, de libertad, de vínculo con el Otro, de construcción de afectividad, de enriquecimiento de la subjetividad, de sentimiento de pertenencia a una comunidad mayor. Bush, la jerarquía de la Iglesia Católica (entre otros en el ejercicio del poder) se han dado perfecta cuenta de la relación entre sexualidad y poder para intentar disciplinar al ser humano. Parte de los contenidos con que Bush realizó su campaña política de reelección tuvo como contenido las políticas de sexualidad: prohibición de los matrimonios de personas del mismo sexo, desprestigiar el condón, alabar la familia nuclear clásica, imponer la prohibición de realizar actividades relacionadas al acceso a aborto legal a las organizaciones y gobiernos que reciban dinero del fondo para actividades de población de la agencia USAID. A su vez la jerarquía católica se preocupa por emitir mandatos que den cuenta de la conducta ética en sexualidad que deben observar sus feligreses. No uso de métodos anticonceptivos modernos, exclusión de las homosexuales del plan de dios, prohibición del uso del condón. En nuestra región se ha manifestado esta política en la instauración del día del no nacido, en la presión de la jerarquía de la iglesia católica a los ejecutivos y legislativos para que no amplíen el acceso a los métodos anticonceptivos. En los intentos de legisladores (como en el Perú) para que desaparezca la palabra género de las políticas estatales. El comportamiento de los gobiernos y sociedades civiles anti imperialistas frente a estos elementos no ha tenido ni la fuerza, ni la presencia ni ha sido colocada en la centralidad como fueron colocados temas como el ALCA o la deuda. ¿Por qué si el aborto clandestino e inseguro es la tercera causa de mortalidad materna, la Venezuela Chavista todavía no modifica el Código Penal que criminaliza a las mujeres que interrumpen su embarazo? En el 2004 el Senado Uruguayo rechazó la Ley de Defensa de la salud reproductiva que contenía normas para acceder a información y formación en sexualidad incluyendo el aborto legal y seguro. Hasta ahora, el Uruguay de Tabaré Vásquez, no lo ha colocado en la agenda legislativa <2> y el presidente se ha dado el lujo de decir que si se sanciona la Ley él la observará. Ha adelantado opinión. ¿Para quedar bien con la jerarquía católica en un país de larga tradición laica? ¿Será que solo las feministas queremos placer sexual? Los temas relativos a las políticas del cuerpo sólo son observados por los movimientos feministas y los de diversidad sexual. Es como si las personas que integran los demás movimientos no tuvieran cuerpo, no tuvieran deseos o no les interesara que sus cuerpos y deseos sean disciplinados. Martha Nussbaum y Amartya Sen afirman que “Cuando preguntamos sobre la prosperidad de una nación o región del mundo y sobre la calidad de vida de sus habitantes...¿cómo lo determinamos? Necesitamos saber de su salud y de los servicios médicos, conocer su educación –y no sólo la disponibilidad de ésta- sino de su naturaleza y calidad. Es necesario saber acerca del trabajo, de qué privilegios legales disfrutan los ciudadanos, qué libertades tienen para conducir sus relaciones sociales y personales, y cómo están estructuradas las relaciones familiares y las relaciones entre los géneros. Sobre todo, se requiere saber la forma en que la sociedad permite a las personas imaginar, maravillarse, sentir emociones como el amor y la gratitud, que presuponen que la vida es más que un conjunto de relaciones comerciales.” <3> Si recorremos las agendas de los diversos movimientos sociales, pareciera que reeditamos la división entre cuerpo y mente, entre producción y reproducción. ¿Será que los temas relativos a la sexualidad siguen, en el imaginario, vinculados a la reproducción? ¿Será que los revolucionarios del siglo XXI siguen pensando que la reproducción es solo un problema de las mujeres?
Reinventar los contenidos y fronteras de la política debe de significar volvernos a preguntar sobre esa relación jerárquica entre centro y periferia. Tenemos que recorrer otra vez lo público y lo privado y viceversa, desmontar las actuales relaciones de poder entre los dos ámbitos y dentro de ellos mismos. Tenemos que hacernos cargo de nuestras propias vivencias, de las decisiones que las acompañan y eso debe de contener nuestros sentimientos. No podemos dejar en manos ni del estado, ni de dios, ni del azar la responsabilidad que le cabe al ejercicio de derechos, al comportamiento ético, y eso debe de contener a nuestras prácticas e imaginarios sobre la sexualidad y demás campos que acompañan a al ejercicio de la sexualidad. Tenemos que seguir fortaleciendo lo existente y reinventar zonas de frontera, entendidas éstas como espacios de encuentro entre diferentes. El otro mundo posible que queremos construir lo imaginamos con seres humanos que asuman su cuerpo, sus sentimientos, fantasías y deseos. 1
Ver, García Márquez, Gabriel, CAMBIO, Bogotá,
agosto 23, 1999. |
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