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Hacia la 10º Conferencia Regional de la Mujer - CEPAL Informativo electrónico Nº 6 - AGOSTO 2007 |
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Somos indígenas, afrodescendientes, mestizas, lesbianas, mujeres con discapacidades, heterosexuales, jóvenes, viejas y no tan viejas. Todas mujeres y feministas. Hoy en Quito, como antes en Mar del Plata, en Lima, en México, en Santiago, en San Juan, Tegucigalpa, Kingston y Brasilia, diversas organizaciones de mujeres y redes feministas, estamos otra vez en la CEPAL. Estamos porque creemos que la democracia política y sus instituciones, pueden hacer efectivamente universales los derechos humanos para todas las personas. Estamos
aquí porque este espacio regional ha sido clave para avanzar hacia
la igualdad y equidad, aunque éstas siguen siendo insuficientes.
Estamos porque en la región más desigual del mundo, queremos
convencerlos de que más que políticas focalizadas en la
pobreza, lo que precisamos son políticas de redistribución
de la riqueza. Estamos porque continuamos luchando por la La dominación patriarcal, las asimetrías de poder y la cultura autoritaria afectan a las mujeres en sus cuerpos, en su autonomía y en sus derechos humanos. La forma más dramática de discriminación hacia las mujeres y menos eficientemente enfrentada por los Estados, son los feminicidios, así como, las violaciones que los aparatos de los estados ejercen contra los cuerpos de las mujeres en conflictos militares, sociales, políticos y étnico raciales. La pervivencia de políticas confesionales en sociedades diversas y plurales, restringe las libertades fundamentales, particularmente los derechos sexuales, los derechos reproductivos, y el acceso al aborto legal y seguro. Impone una visión única, dogmática y patriarcal. La conjunción de la discriminación contra las mujeres con otras formas de opresión e intolerancia como el racismo, la discriminación étnica, por edad y lesbofóbica, profundiza la violación de los derechos humanos de las mujeres atentando contra los principios básicos de las democracias y los Estados Laicos que queremos construir con justicia, igualdad y equidad. Las democracias de nuestros países no han logrado alcanzar un mínimo equilibrio en la relación entre gobiernos y sociedad civil. La utilización de los programas sociales con fines clientelares, sigue siendo una violación a los derechos políticos de nuestras poblaciones y en particular de las mujeres, que se ven obligadas a respaldar de alguna manera ofertas asistencialitas para resolver necesidades de sobrevivencia. En
América Latina y el Caribe, la esfera política permanece
como espacio excluyente a pesar de la mayor participación de las
mujeres. En el ejecutivo, en el legislativo, en la sociedad, en las familias,
la Quien
actua en la esfera pública, tiene necesidades privadas, reproductivas.
Son las mujeres, las responsables de la satisfacción de esas necesidades.
Somos las abuelas, las madres, las hermanas, y a veces las niñas
y jóvenes de la familia, las responsables de satisfacer esas necesidades.
Cuando estas mujeres son afrodescendientes, indígenas, mujeres rurales y mestizas en condiciones de pobreza, su situación se agrava todavía más por la falta de acceso y control a los recursos económicos, culturales, políticos y naturales, incluyendo la tierra, el territorio y el agua.
Los derechos laborales no incluyen un salario digno, ni una adecuada seguridad social y menos aun prestaciones sociales e indemnización. La salud no cuentan con mecanismos apropiados de exigibilidad que aseguren su efectivo cumplimiento, esto es más grave en el caso las mujeres desplazadas y migrantes, a las que no se les reconocen derechos de ningún tipo. Las
cuotas de participación de mujeres, consagradas en 11 países
de la región han servido para aumentar su representación.
Los resultados sin embargo, han sido disímiles sobre todo por las
profundas diferencias entre los Estado de Derecho, en el ejercicio de
la ciudadanía de las mujeres y por La paridad es un mecanismo de la democracia y más concretamente atañe al pluralismo en la representación política, redistribuyendo por igual las bancas parlamentarias entre mujeres y hombres. La paridad afecta directamente a la distribución del poder y forma parte de los mecanismos de representación y mandatos. No
se trata de un sistema compensatorio de la exclusión, ni de integración
de minorías, ni de aprendizaje para la igualdad, como han sido
las cuotas. Hasta ahora, los gobiernos paritarios han dependido de la voluntad política de los presidentes y presidentas. Sin embargo, al no contarse con un mecanismo que garantice el 50-50% la paridad puede ser frágil e imprecisa por lo que el Foro de Las Organizaciones de Mujeres Feministas demanda la consagración legal de la paridad en los gobiernos en todos sus niveles. Exigimos
a los partidos políticos, a las instancias públicas electorales
y a los gobiernos se comprometan a asegurar la transparencia y la paridad
en las listas de candidaturas, designación de cargos directivos
a todos los niveles y ubicación en base a capacidades y experiencias,
con especial atención a la Urgimos que los Estados garanticen que en el proceso de reforma de las Naciones Unidas, se eleve el estatus político y administrativo de los mecanismos de protección y promoción de los derechos humanos de las mujeres. Demandamos que se firme y ratifique la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos Indígenas y a crear el Foro Permanente para los Afrodescendientes. Demandamos que los Estados miembros de Naciones Unidas ratifiquen las recomendaciones sobre el fortalecimiento de la estructura de igualdad de género a fin de consolidar una entidad autónoma, con capacidad normativa, operativa y con recursos suficientes. Urgimos
a que los estados cumplan con la Plataforma de Acción de Beijing,
con las recomendaciones del Comité de la CEDAW, con los Convenios
de la Organización Internacional del Trabajo sobre Protección
de la maternidad; sobre Igualdad de remuneración; sobre Discriminación
en el empleo y la Partiendo
de que nuestros gobiernos han asumido un conjunto de compromisos en el
plano nacional e internacional con los derechos económicos, sociales,
culturales, políticos, ambientales, sexuales, reproductivos y ambientales
de las mujeres, exigimos la urgente firma y ratificación del Protocolo
Exigimos a los gobiernos y al sistema de las Naciones Unidas, a que cumpla con el compromiso ético y político de la libertad, la igualdad, la justicia social y de género. Finalmente, queremos exhortar a todas y todos a sumarse a nuestra lucha contra todo tipo de fundamentalismo: económico, político, racial, religioso y cultural. Porque con los fundamentalismos somos las mujeres las que más perdemos, pero también pierden y mucho más de lo que se imaginan las sociedades democráticas en su conjunto
A.F.M
(Articulación Feminista Marcosur) Quito, 6 de Agosto, 2007.
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